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domingo, 9 de diciembre de 2012

Una foto de hace más de diez años

"Cuando uno ha sido abandonado, se puede fantasear con un retorno, con que al abandonador se le hará la luz un día y volverá a nuestra almohada, incluso si sabemos que ya nos ha sustituido y que está enfrascado en otra mujer, en otra historia, y que sólo va a acordarse de nosotras si de pronto le va mal en la nueva, o si insistimos y nos hacemos presentes contra su voluntad e intentamos preocuparlo o ablandarlo o darle lástima o vengarnos, hacerle sentir que nunca se librará de nosotros del todo, que no queremos ser un recuerdo menguante sino una sombra inamovible que lo va a rondar y acechar siempre; y hacerle la vida imposible, y en realidad hacerlo odiarnos"...
De cualquier forma, la foto es de dos muertos que eligieron la pérdida

lunes, 26 de marzo de 2012

lunes, 16 de enero de 2012

Sobre los recuerdos: Tokio Blues Norwegian Wood (Haruki Murakami)

Soy ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas
hasta que las pone por escrito (Watanabe)

"...Alcé la cabeza, contemplé las nubes oscuras que cubrían el Mar del Norte, pensé en la infinidad de cosas que había perdido en el curso de mi vida. Pensé en el tiempo perdido, en las personas que habían muerto, en las que me habían abandonado, en los sentimientos que jamás volverían"...ese es Watanabe durante un viaje en avión, ya sublimizaba yo los pensamientos, esos que son diferentes en el cielo de aquellos que uno suele tener cuando está en tierra.
A Watanabe ahora le lleva tiempo evocar el rostro de Naoko. "Y conforme pasen los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto.....El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto".
"...En definitiva -así lo creo-, lo único que puedo verter en este receptáculo imperfecto que es un texto son recuerdos imperfectos. Y cuanto más ha ido palideciendo el recuerdo de Naoko, más he sido capaz de comprenderla. Ahora sé por qué me pidió que no la olvidara. Por supuesto, ella intuía que mi memoria la borraría algún día. Por eso me lo pidió:¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?".
"¿Qué debe de estar haciendo Naoko en estos momentos?, me pregunté. Durmiendo, por supuesto. Debía de estar profundamente dormida, arropada por las tinieblas de su pequeño y extraño mundo. Recé para que no tuviera sueños amargos".
"En las noches de insomnio me asaltaban diferentes imágenes de Naoko. No podía evitar que acudieran a mi memoria. En mi corazón, se habían acumulado demasiados recuerdos de ella. En cuanto encontraban una grieta, por pequeña que fuera, iban saliendo, uno tras otro, imparables. Fui incapaz de detener esa fuga".

jueves, 15 de diciembre de 2011

El devenir


Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre. (Garcilaso de la Vega)


"Lo único real es el movimiento: las criaturas no representan más que fases cambiantes" (Marqués de Sade) Y crecimiento. Hoy solo me queda decir que gracias al destino, soy la criatura más feliz del universo porque he descubierto que detrás de la pantomima de la vida hay algo que gira y nos quita la máscara de la fijeza. (A propósito de Escrito sobre un cuerpo, de Sarduy)

domingo, 18 de septiembre de 2011

domingo, 31 de julio de 2011

Desnuda oscuridad o las múltiples caras de un homicida

“La Mariscal es un hervidero de gente a estas horas de la noche: luces en viajes circulares, guirnaldas navideñas brillando en cada ventana; tribus de gringos sucios y desarrapados, rastas locales, coqueros, bazuqueros, marihuaneros, pequeños vendedores de rosas alucinando con sus bolsas de pegamento, grupos de hambrientos niños que se arremolinan en torno a los turistas pidiendo limosnas, hurgando mágicamente en sus bolsillos y birlándoles sus posesiones; putas, maricones y el frío que te cala la piel hasta la huesos, así es La Mariscal entrada la noche”. Así, Desnuda oscuridad, del ecuatoriano Óscar Vela, muestra una cara de Quito lúgubre y violenta emparentada con el mundo lumpen y caótico, en una historia cuya trama se ve expuesta a la transposición de tiempos y espacios. Esto, en una narración interesante, que se deja leer, con natural suspenso, palabra exacta, personajes profundos y multifacéticos, cuya influencia es la novela detectivesca.
Detectives salvajes, de Bolaño, es quizá su modelo más cercano, lo cual le acerca a la novela posmoderna, desde su perspectiva estética, construida en fragmentos. Además la influencia cinematográfica es explícita, la forma fragmentaria de la novela lo sugiere: Mulholland Drive, de David Lynch, podría ser una versión paralela en el cine por el desdoblamiento psicológico del protagonista, así como por la sordidez, la ironía y la caricaturización de varios de los personajes secundarios. “Una vida no basta; se necesitan múltiples existencias para integrar una personalidad…Un hombre o una mujer pueden ser varias personas mentalmente, pueden volverse varias personas físicamente; somos espectros del tiempo, y nuestro presente contiene el aura de lo que fuimos, y el aura de lo que seremos cuando desaparezcamos”, es el colorario del personaje principal de la novela.
Ariel sería el protagonista de Desnuda oscuridad, aunque la fragmentación propia de la obra conduce al lector a un metarrelato acerca de la vida de la hermana de Ariel, Imelda, su hermana mayor, o la historia de Teo, el negro que acompaña a Ariel, quien es también Sócrates Vera, hacia el final cronológico del relato. Sócrates es costeño. Escapó a la capital junto a Imelda (el padrastro de los chicos había abusado de ella), a los 15 años, con quien mantuvo una relación incestuosa truculenta. Ella es la mujer que siempre quiso, desde niño, y quien se pierde en los parajes de la prostitución. De niño, Sócrates (o Ariel) es abusado por Moarry (quien compraba el cuerpo de Imelda a cambio del cuerpo de Ariel), un personaje extraño que había llegado al pueblo. Moarry se convierte en una especie de dios que manipula los personajes y construye, de esta forma, el suspenso de la obra. El dolor continuo en la vida de Sócrates, así como la violencia vivida en su infancia, acaba por convertirlo en un cocainómano bisexual asesino de homosexuales.
La trama entrelaza los años ochenta (con fragmentos que se titulan “Ariel”), en los que trascurre la vida de Sócrates como asesino, buscavidas y chulo, y finales de los años noventa (con fragmentos titulados “Teo y Sócrates”), luego de salir de la cárcel encaminándose a buscar, por pedido de la policía, al líder de una secta de mendigos -en cuya doctrina nunca cree-, aunque perseguido siempre por el pasado doloroso con Imelda y la sombra de Moarry.
Entre los recursos narrativos de la obra está el desdoblamiento del narrador en primera y segunda persona y cambios de perspectivas, con lo cual se va develando la historia del a su vez personaje, que es varios personajes: Sócrates Vera, que cuando se trasviste es Andrea y Ariel (quien firma como Azarías cuando se dirige a Sócrates, que es él mismo) cuando está buscando a Rucio, el líder de la secta de mendigos que ha asesinado a diestra y siniestra por los parajes de Quito. Estas víctimas llevaban en sus pieles la marca de sangre de Rucio, el círculo de la serpiente alrededor de una estrella de seis puntas. Estas multiples personas en un personaje construyen en primera instancia la compleja personalidad de un asesino, por un lado, y también el enredo de la novela, que se va deshaciendo al cabo que el lector llena los vacíos de los fragmentos de tiempo que se van leyendo, para concluir que Ariel, Azarías, Andrea y Sócrates son el mismo personaje, y que incluso funge de Imelda: es un asesino, a veces travesti, que es sacado de la cárcel para atrapar a otro asesino y durante ese proceso se desdobla en esos roles. “Cómo esperas que Andrea te reconozca si ni tu mismo entiendes quién eres? Todo este enredo lo ha armado Imelda, sí, ella y su absurdo poder de atracción. Jamás estarías tan confundido si no hubiera aparecido una vez más en tu vida para trastornarlo todo. Ahora que has sido bendecido con el poder de Dios sobre la vida y la muerte, ella se interna en tu conciencia para debilitarte, para confundirte. Quién quieres ser finalmente: la réplica exacta de Imelda, la propia Imelda o el poderoso Ariel en el juego de la perversión?".
Asimismo el anacronismo es inminente, pues los lugares de Quito de los años noventa como Dionisios, Sutra o La boca del lobo están atribuidos como habitues de los bohemios de la ciudad durante los años ochenta, cuando ni siquiera existían.
Ariel comete tres asesinatos a homosexuales: Arturo Santistevan, Édgar y
un hombre anónimo en un hostal. “Los rostros de la muerte pueden ser tan distintos: macabros, serenos, vulgares, profanos, diáfanos… Se dice que quienes mueren con los ojos abiertos llevan plasmada en sus pupilas la última imagen de su vida. Édgar murió con los ojos abiertos. La imagen en su mirada era una mezcla de locura y perversión; su locura sintiéndose penetrado y tu perversión mientras lo estrangulabas”. Moarry sabía perfectamente acerca de estos homicidios, pues era su perseguidor.
En una noche se encuentra con Moarry…quien le confiesa que tuvo un grupo de personas que velaron por él y que su destino es la muerte mística. Le ordena que forme parte de su gente o morirá. Le recomienda matar a Imelda para que acabe con su pasado. Vestido de Andrea sube a un edificio por órdenes de Moarry, va a matar su pasado, que es Imelda. Ariel se transforma en Imelda. Debido a los asesinatos va a la penitenciaría….y nunca más vuelve a saber de su hermana.
Teo narra como protagonista hacia el año final del relato, 1999, en el centro histórico. Cuenta la llegada del hombre (quien es Sócrates, y dice llamarse Azarías, que se une al grupo de mendigos para encontrar a Rucio) con quien empieza a mendigar en las calles pidiendo limosna, y quien demolió a un guardia metropolitano. La forma cómo está narrada esta pelea rememora la historia de Un hombre muerto a puntapiés, de Palacio: “Aún recuerdo el sonido de aquellos golpes con los que él pretendía demoler al hombre: Chac, Chac Chac!, la resonancia brutal de un saco de vísceras, y el último bastonazo en la cabeza: Kroc!, como un coco que se estrellaba contra el pavimento…”. A partir de ese día el hombre se debe a él y los dos mendigan juntos, forman un grupo rebelde de mendigos.. El hombre, Sócrates, es un infecto, un esperpento, pasa de los 40 años y no tiene dientes, y lleva en una bolsa a su perro embalsamado, Roditi.
En los fragmentos “Sócrates” se devela cómo va la búsqueda de parte de este personaje a Rucio. Primero se pone en contacto con este grupo rebelde de mendigos, de quien Teo es parte, que rinden culto al gran dios de los mendigos, a propósito, una secta de culto al mal y cuyo fin es la muerte mística o suicidio de cada uno de sus miembros, luego de cumplida cabalmente la misión individual. El negro le dice: “La única forma de liberación es el suicidio. La rebelión contra el Demiurgo. Nosotros nos preparamos espiritualmente para ejecutar nuestras propias muertes”. Este grupo de mendigos vive en las alcantarrillas ocupando cubículos subterráneos, es un grupo organizado perseguido por la policía debido a sus fechorías.
Hacia 1999, el hombre (Ariel) y el negro se embriagan en las calles. Van a la ciudad vieja, a San Juan, zona donde viven los peores delincuentes de la ciudad. Llegan a una casa en la que impiden entrar al hombre, solo el negro entra a ver a Rucio. Ese sitio se llama Megalópolis. Encierran al hombre en la oscuridad. Rucio dice que se trata de Sócrates, le da la venia para la muerte mística a Teo.
“Caigo al piso retorciéndome de dolor, sacudiéndome como un gusano, como un escarabajo, panza arriba, agonizo. Gregorio Samsa en sus estertores, la metamorfosis de un asesino en una plasta de mierda…El dolor pudo más, ya no soporto, no comprendo, no vivo, todo se sumerge en una oscuridad profunda, en un vacío interminable. La oscuridad más negra y silenciosa que he conocido”. Ariel es un mendigo, pordiosero, está sordo...
Teo va con Ariel a las lagunas de Ozogoche. Entran a un albergue, se prepara para la muerte mística de Teo, quien le confiesa que conoce a Moarry. Le dice que sabe que se llama Sócrates Vera y que está buscando a Rucio, y por eso éste lo había condenado, por lo que le aconseja desaparecer. Pero no le cuenta toda la verdad.
Luego del suicidio en Ozogoche, Sócrates está en un hotel descansando, en vez de él murió otro que se llevó a Roditi. Sus cuerpos se sumergieron en el agua. De pronto Imelda aparece…pero luego ve un rostro albino, gélido, arrugado, en una capucha negra….seguro es Moarry, su sombra, su propio dios. Moarry, incluso, podría ser Rucio, o por lo menos éste último es un álterego del primero.
Desnuda oscuridad es la lucha de un hombre contra sí mismo, contra los demonios de su pasado y su demencia. Para esto, el autor desdobla su psique y construye otros personajes dentro de él con el fin de cumplir un proceso de búsqueda a un asesino de un grupo organizado, pero Rucio, el hombre que busca, lo conoce todo. Y el perseguido pasa a ser Ariel, pero no lo sabe. Sin embargo, Moarry, quien es el que mueve todas las fichas a su favor, será quien lo aceche toda la vida, aunque vale más el peso del delirio de sus demonios y fantasmas, y sobre todo el de la muerte.

viernes, 15 de julio de 2011

Del amor como drama perecedero: sobre La Aventura Amorosa y sus personajes, de Abdón Ubidia

Lou Andreas-Salomé

(Es necesario explicar que el autor usa mayúsculas para referirse a los personajes e involucrados en la Aventura Amorosa con el fin de presentarlos al lector como personajes de un drama, similar al griego, porque el hecho amoroso es una historia dramática cuyos protagonistas representan un rol en el teatro de la vida. Lou fue una amante de artistas e intelectuales en la Europa de inicios del siglo XX, de origen ruso)

“El arte es el lenguaje del dolor”, cita el escritor ecuatoriano Abdón Ubidia al filósofo alemán Teodoro Adorno, en su última obra, un ensayo literario acerca del amor y de éste como tema de grandes obras artísticas, no para referirse al éxtasis que causa sino al dolor inevitable que siente el humano cuando el amor acaba. La literatura es el fiel reflejo de los sentimientos y la psicología del humano en todas las épocas y un exorcismo del dolor. Ergo, en esta obra de dos partes se reflexiona sobre la literatura y la vida, porque -para Ubidia- la literatura es vida humana y el testimonio literario es la base de lo humano, no desde una arista racional sino emocional, ya que implica la emoción del escritor y del lector. La vida humana se entiende mediante la literatura, asegura Ubidia, refiriéndose a ella como “la más alta forma de la comunicación humana”. Uno de los grandes referentes de la literatura es la Aventura Amorosa en su pasión o la pérdida del ser amado, y enfatiza su fase trágica, es decir la fase dolorosa.

La Aventura Amorosa y sus personajes constituye una visión romántica ilustrada con las grandes historias de amor de la literatura, a la par que pesimista, acerca del amor. “Solo en la literatura puede buscarse el sentido posible de la vida humana”, arguye el escritor quiteño, por eso recurrió a El Quijote, Madame Bovary, Rojo y negro, Justine... para ilustrar grandes pasiones, en el mundo de la ficción, pero que a la larga reflejan la naturaleza humana. Y parte de ésta es que ineludiblemente el amor tiene que acabarse, como todo: una de las cosas que el ser humano, por convención social y cultural, aún se niega a aceptar, además del dolor, relacionado especialmente con la caída del yo, fragmentado al perder a “su otro yo”, si se quiere una explicación psicológica a la que se refiere el escritor.

Ubidia explica en su ensayo literario que la Aventura Amorosa es en donde radica “el devenir y la contingencia del ser humano”, y tiene fases y se acaba. El biólogo Jacques Monod, narra Ubidia, había dicho que todos los humanos aprenden a amar, sometidos a modelos históricos y culturales. Amar es una necesidad inherente al ser humano, incluso en la soledad éste se inventa o fantasea con alguien a quien amar. La Aventura Amorosa, no el matrimonio ni la relación establecida, quiere romper la norma porque “el sexo es espacio de libertad humana”, el erotismo nació cuando el sexo se hizo imaginario...El orgasmo es quizá, desde la perspectiva de Ubidia, la vida eterna apresada en un segundo. Y los autores, poetas, han querido captar ese instante corto de la cópula. La Aventura Amorosa está ligada a una relación fugaz, sea amantazgo o una relación pasional en sus primeros estadios, pero se acaba con la separación, la muerte o el matrimonio (en donde la pasión estaría sujeta a convertirse en cariño).

El debilitamiento del amor conyugal se da porque es un código social forzado, que se ha modificado: la familia tradicional ya no existe pero el amor extraconyugal subsiste, quizá por la fugacidad del tiempo en el que se vive ahora, el que las instituciones tiendan a fragmentarse y las infinitas posibilidades de relacionarse con otro a través de todo medio. Ubidia manifiesta que la Aventura Amorosa une lo profundo y superficial. La Pasión y el Matrimonio son profundos, pero su comienzo es superficial; siempre hay deseo de lo otro y miedo de perder lo nuestro. Manifiesta, a través de las palabras de Denis de Rougemont, que el amor y el matrimonio no son compatibles. La pasión solo se da en el límite y el peligro del fin o fuera del matrimonio, el amor del matrimonio es “cuerdo” y la pasión es “loca”, y tiene que acabarse. Si bien es cierto, hay matrimonios ciertos, pero hay muchos falsos. Duran menos, tal vez porque el patriarcado ha perdido valor en Occidente.

Los personajes de la Aventura Amorosa son Amante, Amado (a) idealizado, Engañado, Rival, Confidente, Alcahuete, Coro Social y Sustituto. Son personajes profundamente humanos que no siempre interpretan el mismo rol. El Amante asedia al Amado y quiere ser Amado también. Como Humbert Humbert, el Amante de la novela Lolita, de Nabokov, será siempre un cazador, o también inventa a su amada, como lo hizo Don Quijote. Un caso particular del Amante es Don Juan en distintos momentos históricos y lugares, al igual que Giacomo Casanova, que no está emparentado con la muerte como el primero. Ejemplos del Don Juan americano son el playboy, Hugh Hefner, y varios actores de Hollywood como Clark Gable, Warren Beatty, y mujeres también como Marilyn Monroe y Brigitte Bardot.

La separación y el fin

La traición es el final atroz de toda relación. “Yo te seguiré con negros fuegos, y cuando la fría muerte me haya desprendido el alma…, sombra terrible, me verás siempre a tu lado. Expiarás tu crimen, traidor, dice Dido, recuperada por Virgilio en la Roma de Augusto”…El Amado es un sujeto pero puede volverse "objeto" del Amante y tiene poder sobre éste, aunque el Amante lo haya creado, pero para Ubidia cuando el deseo se transforma en cariño la pasión muere, y ese es el despertar a la realidad, como el despertar del Quijote, o la muerte en las novelas, que es además simbólica, como cuando desaparece la amada y la ausencia requiere un duelo. “Pues la muerte no necesita ser física sino también simbólica. Lo dice bien Igor Caruso, en La separación de los amantes. Toda separación amorosa es muerte. Dado que los muertos están condenados al silencio eterno, la única experiencia equivalente que padecemos los vivos es la de la separación amorosa. El Amante toma conciencia de que muere en el Amado y el Amado muere con él. Con duelo incluido. Y con vehementes reclamos por renacimientos y reencarnaciones aunque sean bajo la forma de un Sustituto o, en las historias fantásticas u obsesivas, de un fantasma. Porque el fin -o su amenaza- es el momento más intenso del amor”, argumenta Ubidia.

El Engañado no ofrece ni pasión ni Aventura al amado infiel, es el excluido entre Amado y Amante, es la figura que marca los límites de la Aventura Amorosa y en su corazón reina dolor. El cornudo es el Engañado público, de quien habla el Coro Social. Cuando el Amante pasa a ser Engañado se marca el final.

El Rival es el riesgo del Amante y le recuerda que no tiene asegurada la posesión de la Amada. Mediante el Confidente, la Aventura trascenderá, será historia, y es confidente de Amado, Amante y Engañado, como Sancho en El Quijote, el príncipe Korasoff en Rojo y negro, podría ser mediador entre la Norma y sus incumplimientos o psicólogo. El Alcahuete o alcahueta tiene un rol perverso por dinero y quizá desamor, un ejemplo es La Celestina, aunque es una figura arquetípica que trasciende tiempos y culturas. El Coro Social tiene un rol de vigilante, un corifeo que censura, calumnia, descubre, hace de la Aventura un espectáculo. El Sustituto, según Igor Caruso, es “la huida hacia adelante” luego del final de una Aventura.

¿Por qué el amor termina?

Helen Fisher, antropóloga, asegura que el amor dura entre 18 meses y tres años, y esto explica el porqué de la fatiga conyugal. Pero los finales se prolongan por el miedo al vacío. “Perder algo de lo propio y lo adquirido afecta al yo, lo disminuye y desequilibra”. Es la hora del duelo, narra Ubidia, con la cicatriz de la caída del yo.

El amor con los avatares del tiempo, con sus protagonistas contemporáneos, ha cambiado. Pero la aventura Amorosa será siempre la misma. “El amor y el deseo se han vuelto rápidos e inconstantes. Y los moteles funcionan mejor durante el día”, reza el ensayo.

El principio de realidad y el romántico tienden a confundirse, por eso lo efímero, platónico y fragmentario de hoy. “No hay discurso más sinóptico y embrujado que el amoroso y su correlato literario. Lo han dicho desde Ovidio en El arte de amar hasta Ortega en Estudios sobre el amor”. El principio romántico se opone al de realidad, embruja, por eso “todo amor es un amor brujo”, igual estamos sujetos a él. El ser humano ni el amor son parecidos a la historias pasionales de la literatura en la actualidad, pero eso no quiere decir que el humano se ha desganchado del deseo de amar y sentirse amado. Quizá ahora es tiempo, no del amor, sino de la Aventura Amorosa, de la pasión, la que finalmente es la que aviva la “llama doble”, pero lo espantoso es saberse engañado por el tiempo, que es el que la mata.



lunes, 18 de abril de 2011

Reloj de arena reloj de sol reloj de sangre


...tú que eres la mujer más puta que conozco vida mía amor mío tú que eres la mujer más puta del mundo gozas y te regodeas con la polla de un hombre dentro de ti en el coño generosamente untuoso en el culo estrecho en el culo herido en la boca dulce y anhelante en el sobaco sembrado de terciopelo en la mano helada recorriéndote la piel toda la piel mientras te mimas el clítoris con muy calculada y serena calma
ahora soy yo el hombre que tiene la polla que te da gusto pegada a sus propios cojones y a su conciencia
mejor para mí ....
(escribe "El vagabundo" en 1989)

domingo, 13 de marzo de 2011

Algas

Hay partes en los textos que nos eligen.
Había leído mucho el nombre Maga, sobre ella y su cuerpo, sobre ella y su cuerpo y el cuerpo de Horacio, y el cuerpo de Horacio y su pensamiento dialéctico. Maga, redentora, regresa a mí! Sálvame de mi mismo... En cada mujer que conozco veo a la Maga, la veo porque ella solía ser mágica como una mariposa amarilla pegada a la cortina de una desolada biblioteca. Pero, sobre todo, lo que más veo de la Maga, que ya no está, son sus ojos, enormes, en los ojos de todas las mujeres del mundo. Mi Maga, siento tu presencia, más que nunca, ahora que me has abandonado.

En Rayuela (Cortázar)
"La Maga acababa por levantarse y daba inútiles vueltas por la pieza. Más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo, tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia. Nunca pude resistir el deseo de llamarla a mi lado, sentirla caer poco a poco sobre mí, desdoblarse otra vez después de haber estado por un momento tan sola y tan enamorada frente a la eternidad de su cuerpo...".
"…Aquí olés a sardónica. Aquí a crisopracio. Aquí, esperá un poco, aquí es como perejil pero apenas, un pedacito perdido en una piel de gamuza. Aquí empezás a oler a vos misma. Qué raro, verdad, que una mujer no pueda olerse como la huele un hombre. Aquí exactamente. No te muevas, dejame. Olés a jalea real, a miel en un pote de tabaco, a algas aunque sea tópico decirlo. Hay tantas algas, la Maga olía a algas frescas, arrancadas al último vaivén del mar. A la ola misma. Ciertos días el olor a alga se mezclaba con una cadencia más espesa, entonces yo tenía que apelar a la perversidad -pero era una perversidad palatina, entendé, un lujo de bulgaróctono, de senescal rodeado de obediencia nocturna-, para acercar los labios a los suyos, tocar con la lengua esa ligera llama rosa que titilaba rodeada de sombra, y después, como hago ahora con vos, le iba apartando muy despacio los muslos, la tendía un poco de lado y la respiraba interminablemente, sintiendo cómo su mano, sin que yo se lo pidiera, empezaba a desgajarme de mí mismo como la llama empieza a arrancar sus topacios de un papel de diario arrugado. Entonces cesaban los perfumes, maravillosamente cesaban u todo era sabor, mordedura, jugos esenciales que corrían por la boca, la caída en esa sombra, the primeval darkness, el cubo de la rueda de los orígenes. Sí, en el instante de la animalidad más agachada, más cerca de la excreción y sus aparatos indescriptibles, ahí se dibujan las figuras iniciales y finales, ahí en la caverna viscosa de tus alivios cotidianos está temblando Aldebarán, saltan los genes y las constelaciones, todo se resume alfa y omega, coquille, cunt, concha, con, coño, milenio, Armagedón, terramicina, oh callate, no empecés allá arriba tus apariencias despreciables, tus fáciles espejos. Qué silencio tu piel, qué abismos donde ruedan dados de esmeralda, cínifes y fénices y cráteres…".

miércoles, 9 de marzo de 2011

Descubría en el transcurso de sus años incontables...

que "la mentira es más cómoda que la duda, más útil que el amor, más perdurable que la verdad". (El otoño del patriarca, de García Márquez)

lunes, 21 de febrero de 2011

Gonzalo y Teresa (como se llaman mis padres)

Acabo de descubrir algo que me ha dejado boquiabierta. He estado leyendo acerca de la escritora venezolana Teresa de la Parra, autora de Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, publicado en París en 1924.
El escritor ecuatoriano Gonzalo Zaldumbide, embajador ecuatoriano en París, y con quien Teresa había mantenido una relación pública de años, confesó en una carta a un biógrafo de la autora lo siguiente: "Teresa fue la mujer que más profundamente he amado yo en mi vida. Su recuerdo no tiene en mi memoria sombra alguna que la empañe o la altere. Su vida es la más diáfana a mis ojos. Su bondad fue infinita y su inteligencia tal, que todo lo perdonaba porque todo lo comprendía". Muchos años más tarde, en 1965, en entrevista a diario El Nacional, Zaldumbide, de 80 años, había dicho: "La amé, como a nadie he amado!". No dejan de sorprenderme sobremanera los amores de tan reconocidos escritores, de quienes se diría que quizá amaron más por el solo hecho de poder expresar lo inefable de sus sentimientos, entrelíneas o en sus letras.

sábado, 18 de diciembre de 2010

El cuerpo tiene memoria

A propósito de La muerte de Artemio Cruz (Carlos Fuentes)

...la memoria es el deseo satisfecho
sobrevive con la memoria,
antes de que sea demasiado tarde,
antes de que el caos te impida recordar...

(1913: diciembre 4)

Él sintió el hueco de la rodilla de la mujer, húmedo, junto a su cintura. Siempre sudaba de esa manera ligera y fresca: cuando él separó el brazo de la cintura de Regina, allí también sintió la humedad de cristales líquidos. Extendió la mano para acariciar toda la espalda, lentamente, y creyó dormirse: podría permanecer así durante horas, sin más ocupación que acariciar la espalda de Regina. Cuando cerró los ojos, se dio cuenta de la infinidad amorosa de ese cuerpo joven abrazado al suyo: pensó que la vida entera no bastaría para recorrerlo y descubrirlo, para explorar esa geografía suave, ondulante, de accidentes negros, rosados...

y acabarían por encontrarse de nuevo, como ahora. Ella tendría el cuarto listo, con frutas y comida, y la falda estaría arrojada sobre una silla. Lo esperaría así, lista como si no quisiera perder un minuto en las cosas innecesarias. Pero nada es innecesario. Verla caminar, arreglar la cama, soltarse el pelo. Quitarle las últimas ropas y besar todo el cuerpo, mientras ella permanece de pie y el se va hincando, recorriéndola con los labios, saboreando la piel y el vello, la humedad de caracol: recogiendo en la boca los temblores de la niña erguida que acabará por tomar la cabeza del hombre entre las manos para obligarlo a descansar, a dejar los labios en un solo lugar. Y se dejará ir de pie, apretando la cabeza de hombre, con un suspiro entrecortado, hasta que él la sienta limpia y la cargue a la cama en brazos.
-Artemio, ¿te volveré a ver?
-Nunca digas eso. Haz de cuenta que solo nos conocimos una vez....

¿Cuándo es mayor la felicidad? Acarició el seno de Regina. Imaginar lo que será una nueva unión; la unión misma; la alegría fatigada del recuerdo y nuevamente el deseo pleno, aumentado por el amor, de un nuevo acto de amor: felicidad. Besó la oreja de Regina y vio de cerca su primera sonrisa: acercó el rostro para no perder el primer gesto de alegría. Sintió que la mano volvía a jugar con él. El deseo floreció por dentro, sembrado de gotas grávidas: las piernas lisas de Regina volvieron a buscar la cintura de Artemio: la mano llena lo sabía todo: la erección escapó a los dedos y despertó con ellos: los muslos se separaron temblando, llenos, y la carne erguida encontró la carne abierta y entró acariciada, rodeada del pulso ansioso, coronada de huevecillos jóvenes, apretada entre ese universo de piel blanda y amorosa: reducidos al encuentro del mundo, a la semilla de la razón, a las dos voces que nombran en silencio, que adentro bautizan todas las cosas: adentro, cuando él piensa en todo menos en esto, piensa, cuenta las cosas, no piensa en nada, para que esto no se acabe: trata de llenarse la cabeza de mares y arenas, de frutos y vientos, de casas y bestias, de peces y siembras, para que esto no se acabe: adentro, cuando levanta el rostro con los ojos cerrados y el cuello se estira con toda la fuerza de las venas hinchadas, cuando Regina se pierde y se deja vencer y contesta con el aliento grueso, frunciendo el ceño y con los labios sonrientes que sí, que sí, que le gusta, que sí, que no la deje, que siga, que sí, que no se acabe, que sí, hasta darse cuenta de que todo ha sucedido al mismo tiempo, sin que uno haya podido contemplar al otro porque ambos eran la misma cosa....

sábado, 4 de diciembre de 2010

Gimme Danger


A mí José Ángel Mañas nunca me gustó, primero porque no entendía ni un ápice de la jerga española, y segundo porque su forma de narrar me parecía de lo más burda. Pero casi todos mis compañeros en el 2000 habían leído Historias del Kronen y yo quería leer algo que hablara acerca de esa juventud, que como dijo Mañas, ya no es la del sesentaiocho, sino la de esmelaikdetinespirid. Y era algo así como de un “tío” acelerado, de clase alta que experimenta con drogas, el sexo en todas sus manifestaciones, la música, las fiestas, los días esos vacíos, cuando a veces no se quiere hablar ni hacer nada y esperar que alguien venga a darte viviendo la vida delivery. Y no podía dejar de leerlo a ese Mañas, aunque ya luego ni siquiera me acordaba de él, hasta hoy, cuando leí en Deseo de ser punk, de Belén Gopegui, que “bacalao“ le llaman en España al techno rancio de discoteca. Leí como ochenta veces la palabra “bacalao” en la obra de Mañas. Y sobre Lucía Etxebarría no quiero hablar, aunque debo reconocer que algo más sí me gustó, pero después de enterarme sobre el supuesto plagio de Prozac Nation, de Elizabeth Wurtzel, no quise agarrar ningún libro de ella.
Hasta que conocí a esta Martina, una neopunkie, de 16 años, que me ha caído muy bien. Pienso que Gopegui, con este libro, quiso ser como aquellos de la Generación del Kronen, porque esta última novela no se asemeja en nada a sus anteriores si solo menciono a La escala de los mapas. Quizá quiso vender y eso no está del todo mal.

Martina y su comando unipersonal: Ella, Martina, es como un vaso que se ha roto y eso que solo tiene 16 años. Solamente con mirar la depresión en que se ha sumido su padre, ella tendría suficientes razones para entristecerse, junto a él y a sus días patéticos de quedarse en la cama sin ánimo para contestar el teléfono que está a 10 centímetros de su nariz. “Se empiezan las cosas y se acaban. No vale todo. No siempre se puede volver a empezar. No todo lo que se rompe puede arreglarse. Y a veces cuando arreglas algo rompes otra cosa sin querer. Te la juegas y apuestas por alguien, y si te falla no cambias la apuesta a mitad de la partida. Te hundes con él. Llegas hasta el fondo“. Que su padre esté triste no le importa, pero que se muera el padre de su amiga Vera, sí, ese padre que una vez le secó sus lágrimas y le convenció de que la música de Still and Nash sí tiene que decirle algo a alguien que nació en los noventa. “Lo malo no es morirse, sino que ya no tienes nunca otra oportunidad. Y cuesta entenderlo. Un universo de miles de millones de años y a las personas nos toca una parte enana“.

¿De qué va ese comando unipersonal? Es muy simple, ella está pidiendo a alguien que pueda proporcionar a la sociedad un centro okupado para adolescentes, donde puedan ir a conversar, jugar o ver videos, o leer, o escribir, fuera de sus casas. Gimme Danger, de Iggy Pop, es su arma. La idea es entrar ilícitamente a una radio y pedir que pongan esa canción a todo volumen, de alguna forma eso afectará a quienes lo estén escuchando, y si no quisieran hacerlo, amenazaría con matarse.

El vacío se siente y se dibuja como una figura geométrica cóncava volátil que a veces se dobla a la inversa. Y no sé qué más pudo haber sucedido con esta Martina, pero busca. Siempre es mejor buscar antes que no hacer nada.
Sí, es mejor buscar y con el volumen de música alto.

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Martina a Adrián:
“Yo al principio pensaba que la vida era una de esas fiestas con piscina donde todo el mundo se baña desnudo pero alguien se queda vestido, o sea, yo…
Porque al final los recuerdos hasta parece que te los imaginas, se ponen borrosos y algunos se pierden…
Cuando lees, alguien está contigo contándote cosas. Y si ese alguien tiene actitud, o por lo menos intenta tenerla, le escuchas. No necesito que me cuenten cosas de ningún otro mundo. Nacer, morirse, la rabia, las cosas buenas, las putadas de este mundo son suficientes…
Lo que no entiende la gente es que el rock no se elige, ni tampoco se elige entre quemarse y desaparecer
¿Cómo puede ser que alguien tenga 16 años y no le hayan ocurrido grandes desgracias ni nada especialmente malo y, sin embargo, no haya nada en sus sueños?…”.

A propósito de Amor, curiosidad, Prozac y Dudas (Lucía Etxebarría)

"El amor nos va a separar...(Love will tear us apart). Pero yo no necesitaba escuchar aquella canción desoladora y dura, demasiado bella y demasiado real, aquella rotunda aniquilación de la esperanza, aquel retrato en blanco y negro del placer y el tormento, aquella afirmación de la impotencia ante un mundo sin respuestas que penetraba en mi carne con la misma aséptica certeza con que lo haría el bisturí de un cirujano, para saber lo que había sabido desde niña, desde siempre: el amor destroza. Profunda, hiere, dolorosamente". (Cristina)
Y espero que Cristina no se haya echo pis nunca sobre sus Doctor Martens.

domingo, 31 de octubre de 2010

Tabula rasa

Hay momentos en los que es mejor estar callado, o mucitar o hablar entre dientes, algo, para que desemboque en las grietas de la pared frente a tu cama, en cualquier habitación, que nadie te escuche, nunca, jamás. Finalmente todos dormimos en una habitación, que se convierte en nuestra casa-templo, en ese espacio que corrompe pensamientos y arranca -obscenamente- divagaciones que lastiman, que laceran, que deforman. Es mejor escapar de aquello. Tabula rasa. Eso me enseñaste hoy, Luis Martín Santos. De Tiempo de silencio, para que escribas en estas páginas en blanco:
“No pienses. No pensar. No pensar. Estate tranquilo. No va a pasar nada. No tienes que tener miedo de todo. Si pasa lo peor. Si te ocurre lo peor que te pueda ocurrir. Lo peor. Si realmente creen que tú lo hiciste. Si te están esperando para aplastarte con el peso de la pena más gorda que puedan inventar para aplastarte. Ponte en lo peor. Si te pasa lo peor. Lo peor que puedas pensar, lo más gordo, lo último, lo más grave. Si te pasa lo que ni siquiera se puede decir qué sea, todavía, a pesar de eso, qué pasa? A pesar de eso, no pasaría nada. Nada. Nada. Estarías así un tiempo, así, como estás ahora. Igual…Y no estás mal aquí. Aquí se está bien. Vuelto a la cuna. A un vientre. Aquí protegido. Nada puede hacerte daño, nada puede aquí, nada. Tú estás tranquilo. Yo estoy tranquilo. Estoy bien. No puede pasarme nada. No pensar tanto. Es mejor no pensar. Tranquilamente, dejar de pasar el tiempo. El tiempo pasa siempre, necesariamente. No puede pasar nada. aunque la cosa se ponga peor. Aunque la cosa se ponga mal. Me pongo en lo peor. Supongamos que pasa lo peor. Supongo que me pongo en lo peor. No pasa nada. Sólo un tiempo. Un tiempo que queda fuera de mi vida, entre paréntesis. Fuera de mi vida tonta. Un tiempo en que, de verdad, viviré más. Ahora vivo más. La vida de fuera está suspendida con todas sus cosas tontas. Han quedado fuera. La vida desnuda. El tiempo, sólo el tiempo llena este vacío de las cosas tontas y de las personas tontas. Todo tiene que resbalar, resbala sobre mí, no sufro, no sufro nada absolutamente…El tiempo pasa, me llena, voy en el tiempo, nunca he vivido el tiempo de mi vida que pasa como ahora que estoy quieto mirando a un punto en la pared, el ojo negro de la sirena que me mira. Sólo aquí, qué bien, me parece que estoy encima de todo. No me puede pasar nada. Yo soy el que paso. Vivo. Vivo”.

domingo, 12 de septiembre de 2010

martes, 21 de julio de 2009

‘La escritura es una recuperación del asombro’

Andrés Neuman es un escritor argentino de 32 años que cuenta con tres novelas publicadas. Su última, El viajero del siglo, es un ambicioso proyecto que recibió el Premio Alfaguara de Novela 2009. Como se ha dicho, es el orgullo de nuestra generación. No obstante, es sencillo, desprendido de las actitudes pretensiosas de muchos escritores. Neuman es un hijo de músicos que tuvo que emigrar a Granada a temprana edad y que con tan solo 22 años participó por el premio Herralde en 1999
Andrés, se dice que tú eres la excelencia de la nueva literatura, ¿qué opinas de eso?
Jajajaja, la excelencia no existe….Yo hago mi trabajo lo mejor que puedo, habrá gente que pensará que soy un imbécil y probablemente tenga razón. No lo sé.
¿Por qué crees que dicen eso?, en los diarios lo lees, los críticos lo dicen....
Uno nunca sabe porque nos insultan o nos elogian. Lo único que te puedo decir es que escribo desde niño, es mi pasión. La escritura es mi pequeña gran razón de ser. Yo trabajo para los personajes, no para los demás. Esta novela es de personajes, donde cada pequeña criatura tiene sus conflictos, contradicciones, deseos físicos, ideas. Trato de construir el libro lo más fiel posible a sus personajes, pero el efecto que esto causa en el prójimo de verdad que es incierto para bien o para mal.
Tú publicaste Bariloche a los 22 años. Esta es una edad bastante temprana para el promedio. ¿Qué representó para ti la publicación de este libro?
En realidad, probablemente, ese fue el libro más importante de mi vida. Incluso más que El viajero del siglo porque me permitió empezar a tener el trabajo de escritor. La pasión de mi vida empezó a convertirse en mi medio de vida. Para mí, eso fue bueno porque unos años después pude dejar mis otros trabajos. Yo he trabajado de heladero, de profesor particular de niños, trabajé en la universidad, y el poder convertirme más en freelance y trabajar en los medios y en mi casa escribiendo libros fue una puerta que se abrió.
Con Bariloche, salí del anonimato absoluto y por eso le tengo mucho cariño a ese libro. En ese momento, yo tenía muchísima inocencia juvenil y -como había estado años trabajando en ese libro- me parecía lógico que se publicara. Después, cuando conocí mejor el mundo editorial, me di cuenta de lo difícil que era publicar y mucho más en Anagrama.
Quizá, lo más importante de todo fue conocer a Roberto Bolaño. Ese fue un inmenso golpe de suerte porque Bolaño solo una vez en su vida estuvo de jurado en el premio Herralde en 1999 y yo que, por entonces, no solo que no conocía a Bolaño sino que no lo había leído. Supe que él en el jurado había sido quien más había peleado por la novela Bariloche, fue su máximo defensor, según me contaron después. A raíz de eso, fui corriendo a las librerías y me compré todos sus libros y me pasé seis meses leyéndolo. Ante tanta generosidad y ayuda desinteresada, yo me convertí en su fan y un día lo llamé para agradecerle. Estuvimos hablando por teléfono durante dos horas y media. A partir de este día nos hicimos amigos, pero nuestra amistad duró tres años porque su vida duró tres años más.
Andrés Neuman y mi persona


¿Porqué ahora en El viajero del siglo se manifiesta el referente de los viajes, de los tantos lugares y a la vez el no lugar?
Porque es nuestra forma de vida bajo la apariencia engañosa de una novela del XIX. El viajero del siglo trata de hacer lo que la ciencia ficción, pero rebobinando el tiempo. La novela no habla del pasado, habla de los orígenes del presente. Y una de las cosas que nos sucede hoy en día es que podríamos ir a cualquier parte, tenemos unos grandes medios de comunicación, tenemos la sensación de desplazarnos en cualquier momento, pero nuestra vida sucede delante de una pantalla. Somos sedentarios que se sienten nómadas. La Internet es eso, es el nomadismo de los sedentarios.
El viajero del siglo cuenta la historia de un tipo que dice haber estado en todas partes, que parece conocer todas las lenguas y todas las ciudades y que, sin embargo, mientras dura la novela no puede salir de Wandernburgo; es un nómada que se convierte en un sedentario, es un viajero estático el viajero del siglo. Recuerda sus viajes anteriores, planea viajes futuros, pero no sale de la ciudad.

¿Por qué observar con los ojos del ahora a la Europa de la Restauración en El viajero del siglo?
Porque hay tremendas concomitancias entre principios del siglo XIX y el XIX y, a veces, confundimos el presente con la actualidad. La actualidad dura 48 horas, el presente dura siglos, el presente es también un tiempo histórico y todos nuestros conflictos tienen un origen, unas razones históricas.Entonces, la Europa de la Restauración es un momento que, en lo político, es muy parecido al nuestro, cuando hay un gran desencanto de las revoluciones.
En este caso, Napoleón, visto con nuestros ojos, es un caudillo de izquierda que empieza proponiendo libertades, constituciones, derechos, redistribución de riquezas y termina convertido en el emperador más poderoso de su tiempo, que ha destronado a los monarcas para ocupar su lugar y que invade países para anexionárselos y que se convierte en el terror de Europa. Eso deriva de un proyector libertador revolucionario a un régimen totalitario que causa una gran decepción con respecto a las revoluciones en el tiempo de la Europa de la Restauración.

Y Occidente ahora vive un momento bastante parecido, desde la caída del comunismo hay una gran desorientación en cuanto al compromiso político, una gran desconfianza de las revoluciones y, a la vez, eso es un pretexto para que se hayan generado movimientos conservadores. El neoliberalismo y el ultraconservadurismo de las últimas décadas se explican precisamente por el fracaso del comunismo, que se provocó él mismo. Esto, a su vez, deja a los intelectuales sin causa con la que identificarse y las fuerzas conservadoras tienen un pretexto para no cambiar nada. Es una Europa sumida entre las ruinas de lo que no pudo ser y la incertidumbre del porvenir. Por otra parte, es una época que afectó muchísimo tanto a Europa como a América. Sin la Revolución Francesa ni Napoleón no hubiera habido independencias en América.
Todo lo que ha sucedido en Europa desde el siglo XIX ha afectado el destino de América y siguió siendo así durante las guerras mundiales. Por otro lado, el cambio del rol de la mujer empieza en el siglo XIX. Después de la Revolución Francesa, la enajenación de mujeres es importante en Europa. Es la generación de Mery Shelley, autora de Frankestein; de George Sand, esta mujer que decide vestirse de hombre y no casarse y tener una vida completamente rebelde. A esa generación pertenece la protagonista de mi novela, Sophie, a la primera generación de mujeres que en sus cartas, diarios y novelas empiezan a manifestar la contradicción entre sus ambiciones profesionales, sus vocaciones intelectuales, por un lado, y sus obligaciones de madre y esposa, por el otro.

Un tiempo dentro de un tiempo nos lleva a una historia dentro de una historia, ¿la literatura es ahora un cúmulo de referentes históricos?
Hay novelas de toda clase. Lo que sí está claro es que ahora vivimos en una época de mucha superposición de tiempos y espacios. Cuando navegamos en Internet, ¿dónde estamos? En ninguna parte. Leemos la prensa del país que sea, leemos blogs en los que participa gente de todos los países, ¿cuál es la patria de esas páginas? Ninguna. ¿En qué momento sucede Internet? En el presente tenemos información sobre el pasado y un anuncio de futuro. Entonces vivimos una suma de tiempos y de espacios.
En ese sentido, es probable que las novelas participen cada vez más de esa simultaneidad espacio-temporalidad, pero creo que también alguien tiene el derecho de renunciar a todo esto y hacer una novela completamente diferente. Precisamente esta novela participa de esa simultaneidad, pero trata de recuperar algo que hemos dejado de hacer que es la creación de personajes, la introspección psicológica, el amor al detalle, valores del siglo XIX. También trata de poner a dialogar toda la idea que tenemos del zapping, de la impaciencia, del audiovisual del cine y de recursos literarios que pertenecen al siglo XX.

¿Qué de similar tiene Hans, el protagonista de El viajero del siglo, con Bel Ami, de Guy de Maupassant?
Puede que tenga similitudes. Yo estaba pensando en muchos autores del XIX mientras escribía pero también en películas y autores contemporáneos. Pensaba en Madame Bovary y en contar lo que hay detrás de la cortina de esa novela. Mi idea era retomar la escena del carruaje, donde sucede una serie de cosas que no podemos ver porque hay una cortina. La idea era correrla y narrar el momento más indecoroso y menos oportuno. También yo pensaba en Tolstoi y en Turgueniev, quienes narraban salones literarios de forma irónica y divertida. Pensaba en Jane Austen y sus grandes personajes femeninos.
Hans es un personaje que resume el siglo XIX y que, por supuesto, tiene que ver con Bel Ami, pero por otra parte es un hombre venido de otro lugar y tiempo del futuro, porque Hans parece saber cosas que en la novela todavía no han ocurrido. Hans es un personaje anacrónico, es un puente entre nuestra conciencia histórica y la conciencia histórica de entonces. Carga consigo un arcón con libros y cosas, abre el arcón y obtiene lo que necesita. Ese arcón es como Google, además no quiere que nadie lo vea, es la ventana entre dos tiempos. Hans y Sophie son Frankestein de grandes personajes decimonónicos, por un lado, y preocupaciones contemporáneas, por el otro. Sophie, en un momento dado, dice: “Quiero tener hijos pero no quiero ser madre”, lo que es una preocupación en las mujeres de mi generación, quienes no quieren renunciar a la maternidad pero saben que esta acarrea una serie de obligaciones que podrían obstaculizar su vida profesional o sus ambiciones personales.

¿Qué personajes de la literatura son tus referentes?
Me gusta Julien Sorel, de Rojo y negro. Es un personaje que consigue contar una historia política a través de sus hechos íntimos. Rojo y negro, leída con mentalidad perversa, es la historia de Bonaparte. Sorel es Bonaparte o es un bonapartista que cumple con todos los clichés de Bonaparte. Es un tipo que va ascendiendo, va destronando y va dejando atrás amos hasta él llegar a la cima. Rojo y negro es la historia de alcoba del bonapartismo. No solamente los personajes hablan de política sino que fornican o se emocionan políticamente y eso me gusta de Sorel. Es un personaje muy político a pesar de que se pasa toda la novela tratando de seducir una mujer o siendo seducido o metiéndose en un dormitorio ajeno. Ese es un personaje que me gusta mucho.
También me gusta el personaje de Ana Karenina, con ese terrible conflicto de la mujer adúltera, que en términos de novela es trágico. En la educación sentimental clásica, el hombre es el que sale a la calle y tiene una vida exterior a su familia. La mujer adúltera es aquella que se ve encerrada en su vida doméstica y, por su necesidad, lleva una doble vida aunque sea en su imaginación, mediante la lectura, mediante la cultura. Ana Karenina o Bovary necesitan construirse una vida o tener una doble vida, yo pensaba en ellas al construir los conflictos de Sophie, que necesita, debe y quiere casarse con un poderoso terrateniente que le conviene, necesita que alguien la mantenga para poder seguir leyendo y traduciendo; la misma razón por la que Sor Juana se hizo monja. No obstante, ese matrimonio no la llena en absoluto y no es la clase de hombre que a ella más le interesaría. Se ve en la obligación de mantener las dos cosas y eso es lo trágico, por conveniencia debe estar casada y para ser feliz tiene un amante. Esa es la gran contradicción de los personajes femeninos decimonónicos.
En cuanto a lo contemporáneo, me interesan los personajes de Franz Kafka y de Bolaño. Hans y Sophie establecen una relación donde el sexo y la cultura se retroalimentan. Cuanto más se acuestan más quieren traducir juntos y cuanto más traducen más se desean. Bolaño nos enseñó a unir dos opciones literarias que estaban divorciadas en el imaginario colectivo: el modelo Bukowski, con mucha calle, mucho sexo, mucha noche y el modelo Borges, metaliteratura, reflexión teórica, cultivo de la inteligencia. Bolaño caminaba en esas dos corrientes, las reúne. Yo quería algo así para la historia de Hans y Sophie, que ninguna referencia literaria dejase de tener un sentido sensual y que ninguna necesidad ni deseo físico dejase de remitir a una obra literaria. También pensaba en el cine expresionista alemán con esos decorados laberínticos, esas sombras retorcidas y esas calles oscuras. Wradenburgo es como El gabinete del Dr. Caligari y también es como El ángel exterminador de Luis Buñuel.
Wandernburgo es una ciudad mutante, en la que los extranjeros y los forasteros tienen la sensación de que las calles, por la noche, se reordenan y al día siguiente es imposible orientarse; sin embargo, los lugareños se orientan perfectamente en esa ciudad.

¿Qué diferencias hallas en el proceso de escritura de Bariloche con El viajero del siglo?
Bariloche tenía un diseño estructural bastante claro. No creo que cuando somos más jóvenes somos más intuitivos y apasionados y que cuando envejecemos somos más calculadores. También, el joven cree tener convicciones acerca de todo y -conforme va madurando- va cayendo en la incertidumbre. Creo que el tiempo te da y te quita intuiciones y premeditaciones. En esta novela hubo una preparación previa que no había habido antes, pero eso no es porque haya perdido la inocencia sino porque era lo que requería esta novela. En realidad que yo siento cada vez más que no sé cómo se escribe. Tengo muchas menos certezas que antes, ahora me dejo guiar por la intuición y tengo menos teorías rígidas acerca de las cosas y también acerca de la escritura. En el viajero del siglo hubo una estructura marcada pero por la estructura del libro. No me gusta repetir fórmulas, detesto escribir un libro que ya sé cómo va a ser y no me gusta sentir que hay trucos que puedo volver a utilizar. Para mí, el ideal de hacer un libro es que sea, igual que en el amor, por primera vez. En al arte, lo ideal no es ir dominando tu oficio y convirtiéndote en un artesano experto, sino más bien ir perdiendo las certezas y sentir que es un milagro estar escribiendo y sentir que no sabemos cómo lo hacemos. La escritura es una recuperación del asombro y esta idea, que es tan diferente a las anteriores, me permitió replantearme cómo se hace una novela, cómo se la reestructura, cómo se preparan personajes.

El viajero del siglo varió en el camino. En esos años de preparación previa yo ya fui viendo cómo se formaba la estructura. Cuando empecé a escribirla ya tenía bastante clara. Cada día que me levantaba descubría algo nuevo sobre el libro. El libro iba a ser el encuentro entre dos personajes de una canción de Schubert, Viaje invierno: un caminante sin rumbo y un organillero que está en un rincón de una plaza, uno joven, otro viejo, uno nómada, otro sedentario. El uno es culto, el otro no. La primera idea la tuve a mediados de 2003. Los personajes fueron creciendo en la imaginación hasta finales de 2005. En esos dos años se fue revelando una cantidad de historias y personajes importantes.


Termina la conversación Andrés, reivindicando los personajes literarios decimonónicos y hablando de la estética de la película María Antonieta, de Sofía Coppola, la que, aunque parezca inocente y liviana, guarda implícitamente el tema político que se viene con fuerza desde el exterior de su palacio para acabar con ella y su reinado.

Gracias

sábado, 27 de junio de 2009

Artieda: rebeldía y nostalgia


(Publicado en HOY, Libros, 27 de junio de 2009)

La palabra y la imaginación tejen la estructura en el cerebro dentro del cuerpo inmóvil de Jean Dominique Bauby, el editor en jefe de la revista Elle. Su palabra manifiesta la condición de encierro a la que se somete involuntariamente.
Bauby no puede hablar pero su maravilloso mundo creativo lo lleva por los parajes infinitos de su sensibilidad. Y al otro lado del mundo, en esta incesante imaginación, Fernando Artieda escribe: "Estoy que me orino pero me aguanto,/ estoy que me lloro pero me exprimo/ y mudo en media calle me digo que no soy/ el que tenía las uñas enterradas", como la laceración de Bauby en la escafandra, atrapado en su propio cuerpo. Libre es al soñar. Como lo plasmó Julian Schnabel en su última película, La escafandra y la mariposa, tomada del libro de Bauby, Artieda escribe con visceralidad inaudita y le dedica unas palabras a su enfermedad. Así mismo, Bauby construye su propia sinfonía a fuerza de su terrible malestar.
Seco y volteado, publicado por Palabra Viva de la Casa de la Cultura, es su antología poética, que arranca con las compilaciones de "Hombre solidario", de 1968; "Safa cucaracha", 1978; "Cantos doblados del patalsuelo del alma", 1984; "De ñeque y remezón", 1990; así como sus últimos poemas de 2006 y 2008.
En Safa cucaracha, según Renata Artieda, su hija, el autor se acerca a lo que no entiende la metralla, los secuestros, los desaparecidos y "enseña que a la autoridad se la respeta con el rabo del ojo". En Poema para desconocer a los más altos, el primero de su antología, la bondad del hombre radica en su emoción. En sus versos, la cuerda loca del corazón da el estribo para agigantarse. Artieda también le cantó a mayo, quizá ese mayo de 1968: "Yo solo sé que traigo en mi bolsillo necio un huracán de besos para mayo", aquel mayo de Jorge Enrique Adoum y de Miguel Bosé. También escribió sobre la prostituta que alguna vez fue una paloma que perdió su vuelo y empeñó sus alas, imagen grandilocuente de Poema que me duele, así como Poema que responde a tu pregunta, en el que se evoca el desamor por una mujer sin aliento, axilas ni hipo.
El poema que le dedica a César Vallejo: "Dime dónde dejaste la aguja de tu pena y tu quena llorando (...) Ahí Vallejo vuelves a tus lides vetustas/ de tus huestes mesiánicas/ de tus hendidas noches solitarias...". Así Artieda de la emoción camina con tiento hacia la nostalgia ante el poeta, la palabra misma, el lugar como Montevideo, al clima político que incide en el espíritu rebelde, ese que está implícito en su obra pero que finalmente se va transformando en una incesante espera que termina ante el cuestionamiento de su estado actual: "El gusano del olvido llega lento pero seguro/ cargado con su mochila de odio/ y su dentadura postiza/ para roer poemas simulados (...) A la mierda/ si me está doliendo Dios/ si mi hija la poeta está llorando a gritos/ si mi hijo el más chiquito/ está anegado de un Cantábrico de silencios/ y yo estoy perdido...".
Así, sin gritar, Artieda grita y "enloda para bajarse a ese dios que me le quita la vida", añade Renata." "Y ¿quién me va a decir ahora dientecito de ajo?", concluye ella. (PCG)


Sobre el autor

Fernando Artieda nació en Guayaquil en 1945. Hizo estudios superiores en Derecho y Literatura.Ha ejercido el oficio de periodista en los medios como La Razón, Expreso, Meridiano, Hoy, Ecuavisa, RTS, Diners y Soho. Su obra poética consta en antologías nacionales y extranjeras.

lunes, 25 de mayo de 2009

'Kazbek habla sobre el proceso de creación artística, dispuesto a lo inesperado'

Entrevista al escritor ecuatoriano radicado en barcelona Leonardo Valencia.
Publicado en Libros para HOY, el sábado 23 de mayo
La literatura dentro de la literatura es el espíritu de algunas obras de la narrativa actual, lo que ocurre con Paul Auster o Harold Bloom, ¿cuál ha sido su intención para incurrir en este proceso?
En realidad es más el arte dentro de la novela. O el dibujo, si lo prefiere. Esta novela habla sobre el proceso de creación artística, que está siempre dispuesto a lo inesperado, a evitar un exceso de intenciones y dejar que la misma historia vaya proporcionando caminos nuevos e inesperados. Lo que me interesa es que cada nueva novela sea un recorrido distinto, y en esta me planteaba abordar una escritura que no se propone recrear un mundo del pasado cercano sino observar lo que el presente inmediato puede ofrecer a al proceso creativo. Los procesos de creación artística son apasionantes y está no solo en autores como Auster, sino en Ishiguro, en Thomas Mann, en Nabokov, en César Aira, algunos de mis escritores preferidos. En cine el más cercano es Woody Allen y, sobre todo, Peter Greenaway.

Quito, Barcelona, Guayaquil... sirven como un instrumento temporal y espacial para narrar historias dentro de historias o personajes dentro de las historias de los protagonistas…en Kazbek, ¿aún estos son un referente propio de su desarraigo?
Kazbek abarca esos espacios porque cada uno suma una parte de experiencia para sus protagonistas. Hoy vivimos en un mundo donde nuestras circunstancias están ligadas a varias lugares. Pero nunca trato de utilizarlos, simplemente la historia lo pide y hay que incluirlos para que no se rompa la armonía interna de la novela.

¿Con que se encontró de nuevo al escribir Kazbek en relación a El libro flotante de Caytran Dolphin?
Después de la exploración de El libro flotante de Caytran Dölphin no podía dar marcha atrás hacia novelas convencionales, las típicas novelas de cajón de sastre. Kazbek es un riesgo que asumí consciente del riesgo. Lo bueno de asumirlo es que uno se divierte si lo lleva a las últimas consecuencias. La acogida de los primeros lectores de la novela en realidad me ha sorprendido, precisamente porque la novela lo ha sorprendido.

Fernando Castanedo, de El País, dice que en Kazbek el artista busca secretamente a un maestro inexistente, y si hay maestro viaja con cada uno y lo demás es prescindible, ¿usted mismo ahora está buscando a ese maestro o este se encuentra viajando junto a usted?
Creo que los escritores siempre lo estamos buscando. Obviamente puede que no exista, pero ya la búsqueda y la ilusión de encontrarlo te lanza a la aventura. Creo que se escribe porque llega un momento en que los maestros, los clásicos o los autores que tanto admiramos y de los que hemos aprendido, no pueden llegar a un terreno que sólo nos pertenece a nosotros: el presente.

Si alguien le preguntara ahora mismo: si su obra fuese la obra de un personaje en una película real, ¿qué película sería esta y por qué?
Buena pregunta… Creo que serían la mezcla de dos personajes: el que hace de director de cine de 8 y medio de Fellini, y Barton Fink, de la película homónima de los hermanos Coen. Hasta podría imaginar a los dos actores, Turturro y Mastroianni discutiendo sobre páginas de Kazbek, echándolas por encima de sus cabezas y riéndose. Su pregunta me ha despertado esa imagen.

¿Hacia dónde siente que se está inclinando su literatura y, como una escena futurista, sobré qué y cómo se visualiza escribiendo?
Se inclina hacia el papel, escribiendo a mano, con una estilográfica, luego pasando lo escrito a la computadora, imprimiéndolo y luego de vuelta a corregir a mano, leyéndolo en voz alta. Y todo en un balcón enorme que mira hacia las dunas del desierto de Nazca.

domingo, 19 de abril de 2009

México, la protagonista de La región más transparente

Entrevista a Fernando Balseca , coordinador académico del Doctorado en Literatura de la Universidad Andina Simón Bolívar y crítico de obras de literatura hispanoamericana

(Publicado el 18 de abril de 2009 en Diario HOY, versión completa)

La región más transparente, del mexicano Carlos Fuentes, representa el primer estallido boom de la nueva novela hispanoamericana, que recupera la lengua mestiza abierta a la integración. Gonzalo Celorio, en el estudio introductorio, afirma que Fuentes publicó esta obra antes de cumplir 30 años. Asimismo indica que entre los recursos narrativos de la novela se encuentran la ruptura de la linealidad argumental del discurso, alternancia del narrador omnisciente con el monólogo interior, flujo lírico y atemporal, y la reproducción de ideoleptos. Fuentes centra la obra en la posrevolución institucionalizada, una de las razones por las que constituye la primera novela que le da voz propia a la ciudad de México.

La Real Academia de la Lengua, la Academia Ecuatoriana de la Lengua, la Embajada de México y editorial Alfaguara presentaron en Quito la edición conmemorativa de esta obra. HOY conversó con Fernando Balseca, quien intervino en esta presentación junto a Emilio izquierdo.

¿Por qué se decidió efectuar esta edición conmemorativa de la obra a cargo de la Real Academia de la Lengua, Academia Ecuatoriana de la Lengua, Alfaguara y la Embajada de México?

Se trata de una estupenda iniciativa de la RAE, ya que la imagen que tenemos de la Academia es que esta es una institución excesivamente formal. Entonces 2005, la RAE, en conjunto con las academias latinoamericanas de la lengua, está produciendo unos libros bajo una denominación de “ediciones conmemorativas”. La primera fue El Quijote de la Mancha, en una edición popular a precios asequibles con versiones renovadas, estudios introductorios y varios colofones, etc. La segunda fue a propósito de los 80 años de García Márquez, con Cien años de soledad y esta se da por los 80 años de Carlos Fuentes y 50 de publicación de La región más transparente. Generalmente pensamos que la Academia está para normar con rigidez las hablas locales pero, con esta estupenda iniciativa, devuelve a las comunidades de lectores en América Latina textos que son revisados y que se constituyen en versiones definitivas de las obras canónicas o los clásicos contemporáneos de nuestras literaturas.

¿Cuál es el legado de La región más transparente para la literatura hispanoamericana?

Hay varios puntos. En primer lugar es una novela que, publicada en 1958, presenta un modo radicalmente distinto de novelar en América Latina. Es una obra literaria compleja, pero una vez que uno se adentra a lo largo de sus 500 páginas, va tomando destreza para su lectura. Es compleja porque es una novela fragmentaria, intenta retratar aproximadamente unos 40 años de vida, particularmente de la Revolución Mexicana. Creo que un eje fundamental de su legado es el análisis crítico a través de la ficción de lo que ha devenido hacia la segunda mitad de siglo XX, ese acontecimiento tan importante no solo para la vida de los mexicanos, sino de los latinoamericanos en general, que fue la Revolución Mexicana. Vuelve a ligar la literatura como una especie de instrumento de la palabra que permite el análisis de la realidad. La literatura no solamente es producto del delirio de la imaginación sino que la ficción es un mecanismo para tratar de entender la realidad.

Es una novela que tiene que ver con una especie de balance de la situación política, social y cultural que se produjo luego de la Revolución Mexicana. Creo que otro eje importante es que la mayor parte de la novela, en estos coinciden otros estudiosos de la obra, es un trabajo en el que la propia ciudad se convierte en personaje de la obra. Incluso una novela tan interesante como Cien años de soledad tiene un legado rural. La región más trasparente es una obra en la que la urbe, con la inmensa contradicción, de 4 millones de habitantes en ese entonces, genera inmensa contradicciones entre sus capas sociales, presenta una inmensa riqueza de perspectivas, incluso de un mismo problema. Frente a una tradición de la tierra, de lo regional, del campo, de lo rural, la novela se presenta como una alternativa distinta, es talvez la gran primera novela en la que en la modernidad se instala al país México como lugar que funciona como personaje central del texto.

¿En qué radica el poderío verbal de Carlos Fuentes en esta obra?

Hay una recuperación del habla popular. Siempre se ha pensado que la literatura es un recurso que prestigia la norma, pero Fuentes inaugura una serie de incorporaciones de la novela de carácter linguistico que tienen que ver con hablas específicas de los mexicano, de los sectores de la burguesía. Me parece que una de las técnicas fundamentales de La región más transparente tiene que ver con una especie de aparente desorden estructural. La novela presenta voces que se interceptan, que el lector tiene que tratar de dilucidar de quién se habla. El poderío verbal tiene que ver con esta necesidad de forzar al lector a tener como una actitud un poco más especializada con respecto de la propia lectura de la novela. Finalmente, este poderío también se basa en alusiones a la cultura nacional mexicana con el hecho de incorporar discursos políticos de otros, alusiones cultistas.

En el estudio introductorio, José Emilio Pacheco dice que Fuentes pinta a México como la Gran Prostituta de Babilonia porque la novela se inicia y se termina con la prostituta Gladys García. ¿Qué implica este personaje en La región más transparente?

Esto puede ser entendido como una posición cultural y literaria de Fuentes en el sentido de que la cultura no se encuentra solamente en los estratos que podemos llamar cultos, sino que el ser nacional es una síntesis. Es interesante que Fuentes coloque a este sujeto femenino “descalificado” porque le da la palabra a un sector social que uno creería que no tiene voz. Entonces la novela puede ser entendida también a partir de este gesto narrativo de Fuentes como el hecho de caracterizar una situación cultural con los más deposeídos.

¿Qué representa Ixca Cienfuegos en la novela?

Es un personaje que aparece como un guardián de la memoria, de esa colectividad tan compleja que es la ciudad de México y el país. Es un personaje que se lo ve con todos los protagonistas de la obra y es atemporal, real, se encarna, tiene relaciones amorosas y su función fundamental es ser una gran conciencia, que es la que puede ir hilvanado la serie de aparentes historias dispersas que se presentan en el texto. Este ha sido comparado como la expresión en la palabra escrita de lo que ha sido el muralismo mexicano en la pintura. En los estudios, la novela es comprada con los murales de Diego Rivera, donde pintó varios personajes simbólicos. La novela propone personajes de varias generaciones a lo largo de una temporalidad de más de cuatro decenios. Ixca Cienfuegos es una voz que domina y da coherencia a ese aparente desorden narrativo en el que se presenta la novela. La región más trasparente evoca el sincretismo cultural en la mentalidad de los personajes burgueses, la clase media, los personajes populares y extranjeros que viven en México, además se ve una mezcla de pensamiento religioso católico de antiguas tradiciones del México ancestral de origen azteca o maya. Ciertamente, este tiempo está comprimido, el presente atrapa todos los tiempos posteriores y esa originalidad es lo que nos da nueva identidad de lo mexicano.

Pacheco asegura que Fuentes es la voz de Hispanoamérica dentro del mundo anglosajón. ¿En qué se basa para hacer esta afirmación?

Porque recurre al seguimiento de la vida de Fuentes. Este fue un hijo de la diplomacia. Su padre estuvo en varias delegaciones en el continente americano durante muchos años. Fuentes ha contado sus experiencias escolares en distintos países de América Latina y de EEUU. Y de cómo esto le producía un sentimiento de desarraigo, de no poder consolidar a sus amigos pequeñitos porque tenía que mudarse. Fuentes conecta, por esta experiencia biográfica vital de su juventud, de mejor manera la tradición de la literatura latinoamericana con la tradición de la lengua inglesa. Creo que José Emilio Pacheco hace referencia al bilingüismo de Carlos Fuentes, un escritor que no ha tenido que conocer el puso, el ritmo, la tonalidad de la gran novelística norteamericana por ejemplo de los años treinta y cuarenta. La ha podido sentir en su propio registro de la lengua inglesa por su bilingüismo absoluto. El hecho de que Fuentes sea bilingüe supone una ventaja porque las lenguas trasladan estructuras de pensamiento. Esto le ha permitido a Fuentes ser una voz directa sin traducciones de defensa de lo latinoamericano en los EEUU.