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sábado, 11 de noviembre de 2017

Soundtrack

La banda sonora de mi despedida: esos ruidos sordos de la TV que están en la habitación contigua a la mía junto con ese olor tan único de anochecer a las 6.38 pm. Afuera, el perfil majestuoso y fantasmal de las montañas que parecen morir y morir. Y mi dolor de no volverlas a ver aparece.
Dolor porque el tiempo pasa y con él morimos de a poco,
dolor de tráfico imposible (de ese atolladero de lágrimas y hastío),
dolor porque esta ciudad ya no me pertenece,
ya no alcanza en los bolsillos de unos pantalones flojos caminando en un espacio cualquiera en 1998…
Dolor de 10 grados centígrados más y de tristeza de un veranillo poco bienvenido.
Dolor porque morí en esta ciudad,
muriéndose también ella cuando decidí irme.
Dolor por los que están por irse y para quienes la ciudad se va desvaneciendo en su cuerpo, en sus arrugas, en su mirada quimérica.


Oigo una canción en la que escucho mi regreso…saudade, sehnsucht, homesick. Pero retornar a un espacio medio-vacío-muerto me salta a un tiempo desconocido en el que ya no calzo, pero del que absurdamente tengo nostalgia.

jueves, 27 de julio de 2017

París, mon coeur

Ana pensaba que era demasiado triste recorrer con su memoria los pasadizos desolados y lluviosos de París, pero los recordaba sin poder evitar personificarlos en la imagen de una mujer taciturna, solitaria y un poco loca (de esas que acumulan bolsas de plástico para cada objeto que portan). Ana, que huía de los atiborrados rincones de turistas que iban en pos del romantizado París, el de Jean Pierre Jeunet, nunca conoció ese París acaramelado y variopinto que alguna vez boceteó aquel director. En realidad, Ana había visto demasiadas ciudades en una sola construidas con los decadentes edificios de Detroit, y adornados de esculturas griegas y vitrales góticos. Lo que recordaba Ana era, sobre todo, esa inmensa tristeza que se cernía sobre la ciudad con cada gota de lluvia que caía durante la tardes de abril de hace exactamente cuatro años.
Con esos recuerdos, Ana acaba de encarnar a París en una mujer de mediana edad que todavía conserva una belleza lozana, una mujer que es difícil de abordar, hermética en su aguda sensibilidad. Está tan ensimismada que es incapaz de tener una fluida conexión con el mundo de afuera, o con nosotros, los latinoamericanos, que nada tenemos que ver con París si no fuera por nuestro enlace con su artificiosa referencia acuñada por escritores y cineastas. - “Creo que París no existe”, me musita Ana. Pienso que no existe sino como el corazón de esa mujer que Ana acaba de crear. -“Veo una mujer llorando, terriblemente triste, y su tristeza me conmueve increíblemente. Tengo compasión de la chica que fue esa mujer en su imposibilidad de quererse y encontrarse. Creo que lo lleva por dentro es una inaudita agresión a sí misma. Quisiera salvarla y con ella salvar un poco de esta humanidad perdida”.
Ana no sabe que en el fondo, de alguna extraña manera, se refleja en esa mujer y que al querer protegerla anhela recobrar el sentido de una ciudad fragmentada por aquellas referencias fantasmales que nunca existieron. Yo también veo en esa mujer, de quien Ana no deja de hablar, una extrañeza intrincada en un cuerpo blanco y escuálido, que simboliza una ciudad enferma en la que los mismos parisinos ya no quieren vivir.

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A Ana le duele el cuerpo de esa mujer, el cuerpo de París, débil, anoréxico, con sus venas azules sobresaliendo por la piel seca de sus piernas, y habitado de seres que no existen. Yo la peinaré, le pintaré los labios de rojo, le pondré un hermoso vestido y la sacaré a pasear con sus mejillas expuestas al viento salado del verano que estoy viviendo. No será más París. Sufrirá, pero ya no será un fantasma, será el puro corazón que imaginé. Coeur.

miércoles, 20 de junio de 2012

Silencio


He visto al sol diferente, más grande, más brillante, más viejo quizá, porque ha pasado el tiempo. Y con él, cada nuevo cabello que ha crecido varios centímetros y luego se ha caído. Cabellos, junto a millones de partículas de piel en las almohadas y sábanas en las que hemos dormido centenares de veces, solamente rascándonos o durmiendo, pero estando infinitamente vivos. Nadie piensa en eso.  Silencio. El sol está más viejo, sí, y una especie de incipiente nostalgia nos dispara con esos rayos que ahora siento tan raros y distantes, como si éste ya no fuera mi sol, sino el sol de ellos, de los que viven acá. He mudado de sol, a uno que recuerdo en el pasado como más débil, que pasaba ignorado por quienes vivían a mi alrededor, que era blanquecino, púber, con los rasgos con los que siempre lo soñaba. Mi sol, el sol congelado de ahora, es un sol de nubes, no es nada más.

miércoles, 29 de junio de 2011

jueves, 30 de diciembre de 2010

domingo, 23 de mayo de 2010

UIO

Extraño un poco el sol, no el mismo astro fuerte y triste que refleja la contradicción de la ciudad en donde nací: está feliz estando triste. Yo creo que hay varios soles para cada país, mutan, ya no son los mismos al caer. Han presenciado algo que los vuelve indiferentes, pero y si no se les ocurre salir más? Creo que esas cosas deberían pasar para luchar contra esa obscena cotidianidad de los sitios en donde nunca pasa nada. Viajamos para que pase algo, pero los lugares se contaminan a fuerza de los absurdos bríos de la naturaleza humana, y también de esos ritos cotidianos que nunca terminan y me enferman. Tiempo y espacio se confabulan para maquinar otro ser dentro de cada persona. Finalmente hay cambio de piel y, como la de una culebra, la piel desecha se queda en lugares del pasado y adquirimos una nueva, ergo, otra máscara. Yo soy otra. Regreso a ver a estos sitios y la que ha cambiado he sido yo, eso quizá me hace ver una ciudad distinta, pero a la vez nada es diferente en ella, las colas de los habanos perros callejeros complementan un mismo paisaje triste, logran detener el tiempo con sus caídas orejas, incluso congelar las nubes, ahora siempre negras al sur. Pasé por una ciudad en donde no hay piso 13 en los grandes edificios y acá las construcciones no llegan a esa cantidad de pisos, pienso en esto, luego oigo Joven mata a skin head en el sector del seminario mayor, quizá por lo que no sucede nada, las atrocidades son al fin "algo que pasa", en una ciudad pequeña, andina, subdesarrollada, mi ciudad, aquí no existe nadie, pasan cosas absurdas porque nada pasa. Parece que va a llover y no llueve, como si Quito solo estuviera triste con sus arrugas montañosas, no deja de estarlo, todos estamos felices siendo tristes, de halo pasillero, de nostalgia mestiza, nos metemos en la cama pretendiendo no estar solos, como aquellos que viven en el norte del continente. Solo confío en quienes conservan el garbo adolescente, los demás fingen, fingen algo que no termino de entender, simulan que algo pasa, o provocan que algo pase, pero al final nada sucede, son caminantes en un tiempo congelado, en pantalla colgada, en estado de ánimo acomplejado, en la palabra dicha entredientes hablando con caras anodinas sin mirar a los ojos, mintiendo. Las imágenes se congelan en las esquinas de paredes de colores desgastados y los pequeños letreros de los nombres de las calles. Ellas sí rinden culto a alguien, no a un simple número y atrás, esas montañas que marcan los puntos cardinales. Yo soy otra viéndola y he inventado un guión para la vida que estaba trazada antes del viaje, la película se está rodando ahora. Lo único que veo es un sol distinto. Algo al fin, conmigo, está pasando en Quito…

viernes, 26 de diciembre de 2008

EEUU: hallan a novena víctima del 'Papá Noel' que abrió fuego en California


Para lo que quedó la imagen bonachona del viejito pascuero de la Coca Cola de mediados de s. XX...
Publicado el 26/Diciembre/2008 14:57
LOS ANGELES.- La policía de Los Angeles (California, oeste) informó que hoy halló otro muerto en la casa de un apacible suburbio donde un hombre disfrazado de Papá Noel perpetró una matanza --cuyo saldo sube ahora a nueve víctimas-- poco antes de la medianoche de Navidad.
El cuerpo de una novena víctima fue encontrado el viernes en la mañana en los restos de la casa donde la Nochebuena del 24 de diciembre --mientras se celebraba una fiesta con 25 invitados-- Bruce Pardo, de 45 años, tocó a la puerta disfrazado de Papá Noél, disparó con un arma, luego lanzó un artefacto incendiario y poco después se suicidó, dijo la policía del condado de Los Angeles.
La urbanización de Covina, clase media trabajadora, seguía el viernes conmocionada al saber que Pardo se vistió de Papá Noel, fue a la casa de sus ex suegros y apenas le abrieron la puerta empezó a disparar.
Pardo había pasado recientemente por un amargo proceso de divorcio, y su ex esposa -con quien estuvo casado dos años- fue una de las víctimas, indicaron fuentes policiales que aún no tienen elementos clave para determinar la razón que lo llevó a abrir fuego contra toda una familia en la cena de Nochebuena.
Se trataba de un ingeniero aeroespacial desempleado sin prontuario criminal ni historial de violencia en su vida personal, dijo la policía. Los amigos de la iglesia católica a la que acudía regularmente expresaron su impresión."Era el tipo más buena gente", dijo Jan Detanna, que trabajaba con él como asistente de los sacerdotes en la iglesia Holy Redeemer de este suburbio a 37 km de Los Angeles."Siempre tenía una sonrisa. Es impactante. Es conmocionante para cualquiera que lo conoció en la iglesia", recalcó Detanna al diario Whittier Daily News.
Los amigos de las víctimas que estaban en la casa la noche del miércoles al jueves describieron a Pardo como un "cobarde"."Cómo saber que una persona, un cobarde, podría traer tanto dolor y devastación a una familia", dijo Rosa Ordaz, amiga de la familia tiroteada.
La policía dijo que Pardo tocó la puerta de la casa de los padres de su ex esposa poco antes de la medianoche del 24 de diciembre, cuando unas 25 personas estaban celebrando la Navidad.
Una niña de ocho años que abrió la puerta recibió un disparo en la cara por parte de Pardo disfrazado de Papá Noel. Luego el hombre entró y abrió fuego con una pistola semi automática.
Varios invitados salieron corriendo a través de otras puertas e incluso por las ventanas, y entonces Pardo prendió fuego a la vivienda con un extraño artefacto casero, tras lo cual escapó.
El cuerpo del asesino fue hallado el jueves en la mañana con un disparo que según la policía fue autoinfligido pocas horas después de haber perpetrado la masacre. Pardo, dijo la policía, se dio un disparo en la cabeza en la casa de su hermano en Sylmar, a 40 km de Covina.
La policía recibió varias llamadas de emergencia alertando lo que estaba pasando, pero cuando los agentes llegaron la casa estaba incendiándose y los demás invitados habían escapado.
Dos niñas, incluyendo la pequeña de ocho año que abrió la puerta, se encuentran hospitalizadas con heridas de bala. Otra joven de 13 años está siendo atendida por heridas pero su vida no corre peligro. (AFP)

jueves, 18 de diciembre de 2008

Cosas de hombres

Nos vimos tres o cuatro veces
por toda la ciudad.
Una noche en el bar del Oro
me decidí atacar.

Tú me dijiste diecinueve
no quise desconfiar
pero es que ni mucho ni poco
no vi de dónde agarrar.

Y nos metimos en el coche
mi amigo, tu amiga,
tú y yo
te dije nena dame un beso
tú contestaste que no.
Empezamos mal y yo
creía que este era un buen plan.

Aquella noche fue un desastre
no me comí un colin
estas son solo un par de estrechas
nos fuimos a dormir.

Pero la fuerza del destino
nos hizo repetir,
dos cines y un par de conciertos
y empezamos a salir.

No se esa cara tan rara
un ojo aqui un diente alla
o el cuerpecillo de gitana
mujer a medio terminar.

Y nos metimos en el coche
mi amigo, tu amiga
tú y yo
te dije nena dame un beso
tú contestaste que no.
Empezamos mal y yo
creía que este era un buen plan.

Y desde entonces hasta ahora
el juego del amor
nos tuvo tres años jugando
luego nos separó.

Pero la fuerza del destino
nos hizo repetir
que si el invierno viene frío
quiero estar junto a ti.


Yo creí que Ana Torroja era gay, no lesbiana, debo confesarlo. Talvez por la más sencilla deducción debido a la ambiguedad estética que la española llevaba marcada en los ochenta. Ni siquiera sabía que se llamaba Ana cuando la vi en la TV. En fin. “Ella me vio y se acercó, el flechazo fue instantáneo y cayó entre mis brazos”…se lo dedicaba a las mujeres... como si decirle gay a fuerza de su pelo corto y su aire viril fuese un entuerto con todo y las acertadas notas de su muy femenina voz. Más fácil digerir la figura de un hombre frágil, del hombre maricón, que la de un marimacho…en vez de vilipendio el referirme como gay acerca de Ana Torroja quizá fue lo políticamente correcto en un mundo falocéntrico, que trata de invisibilizar a las mujeres, más aun a las lesbianas y peor a las trans masculinas.





En absoluto que Ana Torroja sea gay o lesbiana, así lo ratificó de alguna manera con su matrimonio y su hija, pero sí que supo de lesbiana disfrazarse al encarnar un personaje virilizado como protagonista de las historias en las canciones de Mecano. Claro, es que Torroja cantaba las canciones de Nacho Cano, tal cual las escribía, y así la percibimos andrógina multicolor, anoréxica y hasta fea por el aparente escaso estrógeno que hacía de sus facciones más bien toscas. No así ahora que ya no tiene la imagen de un niño sino de una señora, por cierto muy sensual, así ella transgredió su estética y quién sabe hasta sus preferencias sexuales. Cada uno tiene su propia historia.

Más simple es pensar que cualquier individu@ (lo escribo así para destacar su ambigüedad sexual) cuya estética de género es confusa sea “gay” que pensar que se trate de una mujer que dice que es hombre. Es más sencillo. Las trans masculinas, al contrario del espectáculo de los travestis, son invisibles. Es más “bonito” trasgredir los rasgos de un hombre a la delicada estética femenina que engrosar la voz, desarrollar vello y ensanchar la espalda; es digno de un show, para eso están los drag queens, pero un trans masculino jamás irá a la pasarela a exhibir el resultado de la transgresión sexual menos aceptada: ya que son hombres sin pene y el hombre sin pene simplemente no es hombre porque la masculinidad se ha reducido al falo, como si el rol de macho fuese solo sexual.


Ayer en la Flacso, en el foro "Cosas de hombres, trans masculinos y activismo político en el Ecuador", escuché a Nael Condel, un chileno trans. Más fácil para él vivir en Chile que en Ecuador, pensé yo. Pero eligió fajarse esta sociedad. Nael tiene su novia y esta lo aceptó, es decir aceptó que Nael “no tuviera pene”. La historia de Nael, como de tantos otros trans masculinos, fue descubrirse como hombre en un cuerpo incorrecto por lo que optó por un tratamiento hormonal a base de testosterona para transgredir. Los resultados son realmente mágicos y si la estética es parte de la esencia de la imagen del género pues Nael consiguió incluso ser un hombre apuesto. “Este soy yo, soy más bien un hombre tradicional, mi novia y yo somos unas pareja hetero”, refirió. Y entre risas lo que más le agrada de ser trans es no preocuparse por la disfunción eréctil o por el tamaño del miembro, ¡además de tener la comodidad de orinar sentado!

Coli Fernández, trans masculino, también fue confundido por gay. Lo acusaron de rozarle a una compañera de trabajo con su presunto órgano masculino. “Yo no tengo pene”, había confesando ante la denuncia, “Te equivocas”. Así fue como salió de la invisibilidad en su ambiente laboral, pero asimismo lo despidieron “porque el trabajo que desempeñaba era para hombres”, hombres con pene quiero decir.

Ni Coli ni Nael quieren tener hijos como muchas otras personas que no los desean. Son seres comunes y corrientes solo que no tienen pene y talvez eso sea lo de menos. No se sienten hombres, son hombres, dicen. No son lesbianas ni se cobijan en la imagen de Ana Torroja. Al fin y al cabo Ana fue un personaje construido que deambuló en una ambigüedad sexual no develada, al menos al público. Ella solo acudió al truqueo. Desnudas todas tienen vagina y eso no quiere decir que sean mujeres. He dicho.

jueves, 21 de agosto de 2008

A Tribute to Vivienne Westwood

Vivienne Westwood, sí la misma que le diseñó el vestido a Carrie en Sex and the City, fue la Nancy Spungen de la moda. Explorenla ustedes mismos.

martes, 5 de agosto de 2008

El cuerpo de Carlos Pulla

…podía comer con suerte alguna cosa suculenta a eso de las tres de la tarde. Nada parecido, claro está, a un encocado de pescado o una cazuela allá en Flor de Bastión. Esas delicias son pedazos felices de mi niñez que ya más nunca regresarán, quizá solo lo hagan en sueños, que es lo único de valor que llevo en mi talego de la existencia, muy pesado, pero aun posible de cargar. Buenos Aires era todo y nada, era también parte de mi talego desde los 13 años, cuando me di cuenta de que me atraía el cuerpo masculino y su exquisito miembro viril, más que cualquier plato de comida. Esa tal vez sea la razón para haber migrado a Argentina a ver machos altos y de ojos gatos, y una bola de discoteca que me inspira todavía grandes microfonazos al frente del Estero Salado. De todas formas podría ahora pensar que Buenos Aires no fue nada, que me comió entera y absorbió mi tristeza dejándome vacía, para ella misma convertirse en una ciudad abúlica, despiadada, la loca de la discoteca América.

Las delicias de Buenos Aires que ahora extraño son la mermelada de pomelo, las facturas de las panaderías de la Nueve de Julio y unas plataformas que abandoné en el cuarto de Héctor antes de decidir venirme a Mar del Plata, además de las viejas de buen talante que se paseaban comprando libros en el parque de Flores, que parecían moverse al ritmo de los Pibes Chorros. La vida acá es más barata y casi nadie me conoce. Baires estaba plagada de chavones malos y sucios, por lo menos ahora me he zafado de algunos viejos traveros.

Detesto las merluzas de 80 centavos de peso, son horribles, querida, son horribles, pero no hay para mejor alimento, no me queda más que comer la mierda de la mierda, claro para ajustar el bolsillo y poder conseguir un buen champú y makeup. Prefiero que Héctor me vea hecha una escoba a verme transformada en un espantapájaros. Le he llorado para que cambie esa actitud que tiene conmigo, pero lo amo y no puedo botarlo; te puedo asegurar que además de cualquier manera lo protejo de los putos que se le acerque con cualquier intención sean o no sean sus clientes. ¡Ah!, es que Héctor es vendedor ambulante. Vende medias de todo tipo y color, especialmente aquellas deportivas que yo usaba con pupos cuando me gustaba jugar fútbol, ¿lo recuerdas? ¿tendría unos 10 años? …Hectorín recorre de cabo a rabo la ciudad, lo que en un buen día solía garantizar que comiéramos una Patty. Ahora ya no comemos juntos y por eso lo extraño, pero a veces me hace daño. Lucho por él y yo misma debo admitir que no valora todo este esfuerzo.

Trabajo en el corazón de La Perla, en la llamada Ciudad Feliz. Ojalá este lugar hiciera honor a su nombre; los que habitamos en ella estamos tras un poco de su supuesta dicha, de la cadencia de la olas del mar, pese al horror que guarda el Río de la Plata en esa dictadura de la que todo el mundo habla, no obstante creo que el mundo sin dictadura es igual de triste y egoísta que se reconstruye con el sexo. Decían que lanzaron cuerpos vivos desde avionetas a este río, que monstruosidad; por esto lo respeto más, porque huele a muerte, lo contrario del sexo. El sexo es lo que mueve el mundo, es la panacea de la cotidianidad y el principio de la felicidad del ser humano. Por eso estoy acá aunque tenga nostalgia de mi país, pero prefiero no ver a mis hermanos tratando de ocultar tener lazos de consaguinidad conmigo. Tú fuiste la única buena y por eso puedo decir que sí te extraño. Mariana, te pido que no saludes a nadie de mi parte.

Otro sueño que es parte de mi talego es la operación que te conté en la última carta. Cuesta un dineral y con esta carestía creo que no pasará de ser un dulce sueño, yo trabajo exclusivamente para sobrevivir. Le doy un poco de plata a Héctor, pero sabes que vendiendo medias no le alcanza. Es que es para que no se vuelva loco, sin sus gustitos él no puede llevar las cosas en paz conmigo, yo quiero verlo bien y de buen genio.

Aquí me llaman La Ecuatoriana, no Jessica, para identificarme dicen. Puedo afirmar que me ha ido bien hasta ahora, claro que he tenido que arreglármelas para obtener el dinero justo cuando no he conseguido clientes, haciendo chauchas aquí y allá en diferentes fábricas, pero en cuanto tenga más plata te la mando directo a ti, sé que necesitan en la casa para poner un techito nuevo.

Te escribiré pronto
Tu hijo Carlos
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Jésica, la paria ecuatoriana
(Tomado de Página 12)

La travesti hallada descuartizada en Mar del Plata se llamaba Jésica y le decían La Ecuatoriana. Paraba en La Perla y tenía un novio que, según los investigadores, es parte principal en las hipótesis. Sus compañeras dicen que la golpeaba. Esta es su historia.

Por Emilio Ruchansky

No tenía casa, ni amistades, ni ocupación fija. La travesti descuartizada el fin de semana pasado era una perfecta paria. Se llamaba Jésica y en la parada del barrio La Perla, una zona roja tradicional de Mar del Plata, la habían apodado con su gentilicio, La Ecuatoriana. Hacía cuatro años que merodeaba la Ciudad Feliz con la depresión a cuestas: su chongo la golpeaba, pero ella lo amaba y no podía dejarlo. Los dos tomaban cocaína en exceso y Jésica La Ecuatoriana robaba para proveer a la pareja. Se iba a la parada, levantaba clientes y después los “ripeaba”, como dicen las travestis. Ayer, el fiscal del caso aseguró que de estos datos surgen sus dos líneas de investigación. El asesino puede ser el novio o un cliente que quiso vengarse.

“Jésica vivía llorando”, recordó Camila Schneider, una travesti que para hace 10 años en la esquina de 9 de Julio y 20 de Septiembre, pleno corazón de La Perla. “Venía desnuda a trabajar, era un escándalo. Andaba así por la vida, la echaban de todos los hoteles y no tenía dónde dormir. Un día hasta me pidió alojamiento para ella y para su chongo. Yo la aconsejaba, todas le decíamos lo mismo: que se separe, que trabaje para ella y no para él”, comentó Schneider en diálogo con PáginaI12. Más de una vez, agregó, la vieron a las piñas con su novio en la playa y “después se metían desnudos al mar, salían y terminaban cogiendo en la playa”.

Hace cinco años que las travestis que emigraron a Mar del Plata, en su mayoría peruanas, coparon La Perla, un barrio ubicado entre el centro de Mar del Plata y la zona bolichera de Constitución. Jésica La Ecuatoriana tenía muy mala fama porque no respetaba ningún código. Tenía 27 años y aunque la aconsejaban hasta las señoras prostitutas de 50, había enloquecido de amor. “Su novio venía a la parada a buscarla y le pegaba adelante de nosotros, es un enfermo de la cocaína y de la noche”, aseguró Camila, que más de una vez recibió la queja de algún cliente suyo que estuvo con Jésica y se quedó sin celular o sin billetera. “Jodete, fijate con quién salís”, les respondía.

Su mala fama llegaba hasta la otra gran parada marplatense, sobre la avenida Luro, entre Independencia y San Juan. Allí, Mara Cambarelli, del Grupo Transparencia Marplatense (GTM), repitió lo mismo que le dijo a la policía anoche: “Vivía cerca de la terminal de micros, tenía problemas con su pareja, las drogas y el alcohol, y además robaba”. Esta dirigente trans aseguró que Jésica La Ecuatoriana andaba sin documentos, como muchas de las chicas que vienen de otros países. Los investigadores del caso informaron que tenía antecedentes delictivos por robos y hurtos, por lo que no descartaban que el crimen fuese un “ajuste de cuentas”.

El fiscal a cargo, Mariano Moyano, contó que anoche él y varios agentes de la Comisión Interdisciplinaria abocada al caso buscaban recabar testimonios de otras travestis de La Perla “con la dificultad que esto implica”. La comisión, integrada por la Departamental de Investigaciones, la policía distrital y personal de distintas comisarías, recorrió las paradas para dar con los datos del chongo o averiguar dónde estuvo la víctima las horas previas al asesinato. Su cuerpo, seccionado con un cuchillo y repartido en bolsas de consorcio, apareció el domingo temprano frente a la parrilla en San Carlos, un barrio humilde en las cercanía del puerto.

Ayer, luego de la autopsia, se disiparon muchas de las fábulas que rodearon al caso. Entre otras, la supuesta ausencia del pene, que fue desmentida por los investigadores, que insistieron con que el cuerpo estaba “entero”. También se supo que Jésica La Ecuatoriana tenía un orificio en el talón, se sospecha que por allí le habrían puesto un gancho para colgarla como una res y cortarla. Murió horas antes de que la encontraran, tras recibir un golpe y dos cuchillazos que la dejaron inconsciente y ser degollada aún con vida. Después el o los asesinos la cortaron en seis partes. Dentro de la bolsa había un par de guantes quirúrgicos y una bombacha, anudada al brazo de la víctima. Sus genitales fueron triturados, y todavía no se sabe si la violaron. Nadie, por ahora, reclamó sus restos.

domingo, 29 de junio de 2008

En las manos de Rita Hayworth


Her hair is Harlow gold,
Her lips sweet surprise
Her hands are never cold
She's got Bette Davis eyes
She'll turn her music on
You won't have to think twice
She's pure as New York snow
She got Bette Davis eyes
And she'll tease you
She'll unease you
All the better just to please you
She's precocious
And she knows just what it
Takes to make a pro blush
She got Greta Garbo Stand off sighs,
she's got Bette Davis eyes

She'll let you take her home
It whets her appetite
She'll lay you on her throne
She got Bette Davis eyes
She'll take a tumble on you
Roll you like you were dice
Until you come out blue
She's got Bette Davis eyes
She'll expose you
When she snows you
Off your feet with the crumbs she throws you
She's ferocious
And she knows just what it
Takes to make a pro blush
All the boys Think she's a spy,
she's got Bette Davis eyes
And she'll tease you
She'll unease you
All the better just to please you
She's precocious
And she knows just what it
Takes to make a pro blush
All the boys
Think she's a spy,
she's got Bette Davis eyes


Cuando miré a Rita Hayworth no pude entender por qué pronunció aquella frase de “Todos los hombres se acuestan con Gilda pero se levantan conmigo”. La imagen que observé se trataba de una foto muy antigua, claro, de los años treinta supuse. Dudaba que esta diva en su vida cotidiana fuera tan aburrida, como varios hombres la describieron, entre ellos, Orson Welles. La comparé con María Félix y sus cinco matrimonios. Hablé varias veces de esta última como una gran noticia para mí. Cinco matrimonios, pensé, y para empezar solamente uno siento que la decisión cerebralmente caótica del ser humano es superada por la intensidad del corazón. No concibo vivir cinco veces esta misma emoción. Es inhumano, digno de las actrices del cine negro.
Las dos estrellas se casaron varias veces, deseadas fervientemente por varios hombres debido a su inigualable belleza que realmente hechizaba. Muchos hombres quieren a una mujer bonita a su lado y mientras menos moleste, mejor, pero, ahí viene el pero, la mujer siempre “molesta”, es la piedra en el zapato de la racionalidad masculina, es el detalle absurdo que prepara unas lágrimas quizá hormonales y muchos dolores de cabeza premenstruales.

Hayworth, no Gilda, bailaba en su inocencia, irradiaba sexualidad en sus papeles, no obstante en la vida real se guardaba para sí misma. No lo podía creer. Si fue realmente así, qué actriz tan excelente, qué dotes histriónicos, qué talento. Más talento que la propia Monroe, diva por antonomasia, la primera y quizá la última. Monroe fue más parecida a Gilda, no necesitaba el talento para representar, era ella misma en la pantalla. Rubio platinado y polvos Coty, imagino, con fragancia de Channel n. 5 o Balenciaga Dix, abrigos y estolas de Mink, por eso los caballeros las prefieren rubias. Este tipo de rubia, esta actriz, mitad vampiresa mitad niña, no es tonta, es más irracional, por lo tanto más sexual. Hacer el amor con una mujer histérica siempre es más interesante, se entrega salvajemente al acto por el impulso desnudo de su visceralidad. Miller tenía razón. Asimismo, entre otras cosas, fantasea con tener una cintura de avispa o con algún accesorio Louis Vuitton porque los abrigos de Mink ya no están de moda. Detalles estéticos, emociones amorosas, belleza y pasión.



Femme fatales, creadas o no creadas, auténticas o falsas, el mundo se mueve alrededor de la seducción de una mujer, lo hace girar en sus manos, lo enamora, lo envuelve y lo destruye, con o sin alevosía. Así de fácil. Siendo como podría ser la mujer, el mundo actual la obliga a competir con el hombre y a volverse racional, dejando de lado sus arquetipos de Afrodita, Hera y Atenea. Reclamen, mujeres sus derechos, no son ni lo uno ni lo otro, olvidándose de que representan el esteticismo, el amor y la intuición de la naturaleza, no la tontería que el feminismo enfoca en el papel de la mujer decimonónica. Que me maten las feministas andróginas y lesbianas, y las que no lo son también. Sí podemos competir con el hombre, pero sin olvidarnos de nuestro papel primigenio. Podemos optar por no ser madres, pero no creo que esta decisión sea del todo natural. Podría pensar como Charles Darwin o estar a la par del Génesis y hasta afirmar que la mujer en efecto sí es la costilla del hombre, yo diría que es su corazón, lo más grandioso que puede poseer.

Todas, absolutamente todas, somos parte de la quintaesencia del magma ardiente del universo, en nuestras manos está el amor de la creación. Somos divas o cuasi divas y sentimentales, una forma de ser ahora inferiorizada. El amor per se ha pasado a segundo plano, bajo la sombra de la estructura cerebral del tiempo actual.

Agustín Lara, un hombre más bien desengañado, amó entrañablemente a “La Doña”, María Félix; con su fealdad fue considerado uno de los rompecorazones más sobresalientes de su época, un verdadero playboy. El don de la palabra funcionó con él, la diversión de su léxico racional, la exactitud de su verborrea que empañaba totalmente la lacra del teléfono que tenía en su rostro. ¿A qué mujer le perdonaban este tipo de cicatrices? Quizá un parafílico lo pudo haber hecho, con afición por las lacras o alguna clase de deformidad, digno de un personaje de Crash. El estereotipo de la Bella y la Bestia existe, la mujer bonita progresa, así como el carisma y la galantería de un hombre. Es simple. Como ponerlos juntos a la Monroe y Vaughan, el personaje lleno de lacras que David Cronenberg llevó a la pantalla con gran acierto.

¿Qué tal ver una Elizabeth Arquette con medias de red y muletas? No suena tentador pero en manos de Cronenberg su belleza lasciva se conjuga, como una sinfonía, con las proyecciones de parafilias y desviaciones con precisión y estética. Aun así, Arquette no deja de ser hermosa, la rubia femme fatale. Las historias de Cronenberg son como aliens en medio del la linealidad de las tramas de Hollywood, incluso del cine independiente. Están destinadas a un público exigente.

No me cuesta hablar de la mujer como si fuese Ana Karenina o Madame Bovary, siempre en aras del amor, deseada y hasta lejos de esa racionalidad, con la que a fuerza del mundo contemporáneo la mujer quiere progresar. Indudablemente el feminismo fue un salvaje retroceso. Lo que pesa es el amor, los mil y un títulos de las intelectuales se quemarán en la chimenea de la casa de uno de sus sobrinos nietos en el año 2025 pero su pasión jamás será efímera, y la pasión es universalmente muy femenina.


domingo, 20 de abril de 2008

Morgana y la muerte


Morgana, la mujer de fuego, junta tus manos por los chicos que murieron contigo y sigue viviendo la logia con aquellos, los de la minoría, los especiales, un poco de mártires, un poco de inocentes. Tú solo buscabas el amor, pero quizá por tu honor hacia la muerte te juntaste con ella. Déjalos ir contigo en paz.


Sentada en sus huesudas piernas, “Morgana” le dijo a Damián que quería quedarse con él esa noche en su habitación. Deseaba solamente dormir junto a su cuerpo aunque no tuvieran sexo. Morgana buscaba de forma ansiosa y desesperada el amor, por tal razón esta chica de ojos delineados con lápiz negro había tenido tantas historias como para agotar incesantes noches de bohemia.
No la conocieron por su nombre verdadero, Verónica Yépez Salazar, quiteña, vecina de la Villaflora, 23 años, estudiante de Odontología de la Universidad Central. Lacónicamente Morgana en su grupo de vecinos, en el colegio, en los conciertos, en la facultad… Era una adepta del movimiento gótico, tan underground y minoritario en este Quito franciscano que parecería que se tratara de una logia satánica de guambras culicagados que practican la ouija.

Se sentó en las piernas de Damián, la dureza de sus huesos era una especie de protección para una mujer solitaria que alcanzaba a balbucear que no la dejaran sola. Las palabras salían de su aliento a vino de cartón y tabaco, quizá Damián adivinó la marca del último perfume de Yanbal en su cuello. “Eres lo más intenso que me ha sucedido, no me dejes ir sola Damián”, le decía, mientras una banda blackera se presentaba en un escenario improvisado de Vampiria, un bar al sur.

Era una costumbre eso de ir buscando amantes, como si el mundo se le fuera a terminar o quizá se fuera a morir de soledad. Para Morgana, sentirse a amada era como instinto de supervivencia y ella aspiraba a vivir tan largo como fuese posible.
Damián se quedó con ella esa noche a pesar de que las notas de ese perfume le quitaban el sueño. Efectivamente no hicieron el amor. Lo habían hecho antes y se sentía un poco enganchado, pero cómo no iba a querer a esa señorita de ojos grandes y pelo largo, quiteñísima, de estatura baja, y pluta. Sí, leía a Lovecraft, Mary Shelley, Bram Stoker, se pintaba la cabellera de negro azabache y se confeccionaba ella misma sus atuendos, al no encontrar muchas opciones para su estilo en este Quito de facha más bien tradicional. Incluso Morgana había asistido a un desfile de modas en el Vampiria y había adquirido recientemente un corsé de varillas diseñado por Mónica Quimbiulco, graduada en la UTE.

Al contrario de lo que lo gótico evoca, Morgana casi no lloraba, se embrutecía de alcohol para alcanzar su permanente hiperactividad. Sus conciertos favoritos constituian los tributos, el último al que había ido era el de Christian Death y la discografía del grupo que estaba descubriendo, Cocteau Twins, la obtuvo de la Internet. Así se conectaba con el nublado mundo dark de Londres. Quito y Londres se parecen, una apacible melancolía de lo anglo-andino se fusiona de esta manera. Esa lenta introversión vacua que no nos deja ser del todo felices y el eterno suspiro que huele a muerte. No queda nada más que embriagarse en una cantina y escribir poemas góticos, ser un vampiro de la noche y vestirse de negro.

No obstante, cuando Damián la dejó, Morgana se ahogó en un valle de lágrimas haciendo a honor a nombres como Lacrimosa o De lacrimas profundere, nunca había sentido tan de cerca el hecho de ser una chica gótica, se había lacerado la piel con un estilete y dejó de asistir a clases. Era como si debiera hacer un duelo y un funeral para despedirse de su amado a quien había jurado amor eterno en un concierto de minorías, a donde muchos asistentes van a tomar fotos para mostrar el lado exótico del rock quiteño.

Decidió seguir delante de una manera u otra, como lo exige la naturaleza del ser humano. “Ya no quiero saber nada”, se dijo para sí y se rasuró las piernas. Después fue a la computadora para ver la agenda de conciertos en tocadas.com, allí se enteró de que había uno gótico al sur de Quito. Pensó que este podría ser otro chance para conocer a alguien más en su desesperada búsqueda de amor.

Ese día, Quito, en el frío mes de abril, amaneció soleado, el silbido de los vientos de verano podía escucharse en algunos lugares en medio de la fuerza poderosa de las montañas que acompañan el sino de sus habitantes. Casi toda la ciudad estaba preparándose para ir a ver Riders on the Storm con los ex integrantes de The Doors. Unos pocos jóvenes como Morgana, los verdaderamente góticos de corazón, fueron al concierto en Factory, un local donde usualmente se hacían matinés para adolescentes.

Morgana se arregló como mejor pudo, se planchó perfectamente el cabello, había mandado a cambiar las tapas de sus zapatos, se hizo una mascarilla de aguacate, se puso rímel, por supuesto se delineó los ojos y se roció un splash con olor a algodón de azúcar. Se puso lip gloss en los labios y salió. Llegó puntual. A cada muchacho que veía pasar le hacía un zoom. Algunos conocidos le dirigían la palabra, pero no había nadie que le gustara mucho. Esperaba emborracharse pronto como si de verdad el alcohol se tratara de un embellecedor. “Solo así podré agarrarme a alguien”, pensó.

Entró al local y se paró justo al frente de la tarima para observar más de cerca a los músicos, pensó que alguno de ellos podría ser el acertado. Se cogía del pelo y de vez en cuando encendía un cigarrillo o compraba un vaso de cerveza, su falda se había enganchado a una de las esquinas de unos parlantes y se había roto por lo que tapaba disimuladamente cuando podía el hoyito para que no se le viera la piel de su cadera.

Quito estaba como siempre. La gente salía del patio de comidas del Recreo por centenas, había muchos deportistas en La Carolina y el mercado de San Roque también estaba abarrotado. De vez en cuando caían gotitas de lluvia a pesar del sol que hacía, como para recordar el extraño y loco clima de esta ciudad andina. Eran las 3 y 30 de la tarde.

Ante los ojos de Morgana una flama se formó en el techo del recinto. Lo primero que pensó era que la llama era parte del espectáculo, pero también miró caras de horror, no pudo correr. En segundos todo era llamas y humo. Una tragedia.

Morgana no aparece, en su búsqueda, en su desesperada búsqueda, halló el confort que le traían los conciertos góticos y de doom. Pensó que este iba a ser especial, el final, el que la iba a llevar por fin a un mejor estadio en su corta vida. Muchos murieron junto a ella, catorce historias más, como una escena de esos relatos trágicos que leía. Esta muerte nos deja heridos a algunos, como si fuera una advertencia que se va transformando en culpa.
Tres días de duelo nacional.

jueves, 17 de abril de 2008

Don Juan Malthus, la ficción flower power

Ayer me enteré que Don Juan nunca existió. El hecho de que su nombre haya quedado en entredicho dio pie para que ya no creyera más en él y en las enseñanzas yaquis que deben haber enganchado a millones de hippies y neohippies. Fue una decepción. Y claro poner en duda la Tensegridad (un tipo de movimiento corporal que no fue sacado de los pelos) fue uno de los factores que me hicieron reflexionar sobre los orígenes, y este es solo uno de los cientos de factores que han desencadenado la duda. Los movimientos corporales de la Tensegridad provienen del kung fu y del karate (kata y kumite) ¿qué conexión histórica tendrían con los naguales? ¿Existieron los naguales o aparecen con las llamaradas de las velas? Ideas de un espacio geógrafico, pensamientos de los indios navajos, un sincretismo irracional para elaborar una historia fantástica de la literatura.

Don Juan no es más que un puctum enlazado a nuestros seres infantiles, la idea de que algo existe más allá de un mundo real muy aburrido. Carlos Castañeda lo dibujó y me convenció de que los movimientos corporales realmente nos llevan a otros estados espirituales. Lo peor de todo, o lo mejor, es que pudiera ser cierto, pero ¿cómo comprobarlo? Lo cuasi percibí con la técnica contemporánea de la danza en la utilización del centro del cuerpo como energía vital del movimiento, solo lo percibí, pero no lo asimilé, fue puro sexo, no cerebro. No obstante, esto no cambia que Castañeda haya engatusado al mundo, especialmente a aquellos que lo miran con la nariz de la intuición. Entonces, Castañeda para mí se convierte en el maniqueísta de la contracultura, engañada por las falacias de lo new age en boca de los científicos y racionales.

Pensé que en mi gato habitaba el ánima de algo que otrora fue un ser humano y escapaba de la maldad de los conquistadores del Nuevo Mundo. El nagual huía de la perversidad de quienes les arrebataron la vida a los nativos del desierto de Sonora en aras de la colonización. Y me creí. Como se lo creyó Timothy Leary al pregonar que lo que avizoraba la filosofía flower power era una especie de liberación espiritual. Buscaron a Don Juan Malthus pero nunca apareció ni aparecerá. Es solo un sueño, un esperpento en la mente de quienes buscan algo más.

Peor que no haber existido, la idea de Don Juan muere en mis adentros (murió hace un par de décadas como estudio de la antropología) como un posible gurú de los eternos buscadores. Seguía sus pisadas de alguna forma en la emoción de sus palabras. Y es precisamente eso y nada más: la emoción de sus palabras, ergo, una literatura asombrosa, best-selling en los sesenta, en las manos de Joan Baez.

Don Juan se reencarna en un personaje de ficción, en una idea, en un doppelganger danzando alrededor de un saguaro. La invención fue lo importante: el mundo construye cientos de dioses a quienes ofrendar lo que no tiene respuestas. Don Juan fue como dios en posición de loto sobre un rompecabezas de palabras y un cubo de rubik a quien se le rememoró en las oraciones de los outsiders de los sesenta. Hoy te coloco en tu féretro y te entierro en el cementerio de la historia del mundo. El dios es la esencia del verborrea de la humanidad, alumbrada por el talento de un embustero y esteta...los gatos, gatos son.

miércoles, 25 de abril de 2007

La estética o el horror del “heroísmo”



“Muero como Jesús para inspirar a los agredidos”
Cho Seung-Hui



¿Todavía crees que soy sexi?, le pregunta Mallory Knox a una de sus víctimas mientras le apunta con un revólver en la primera secuencia de la controversial Asesinos por naturaleza (1994) de Oliver Stone. Escena que configura el oxímoron dulzura-violencia en un personaje que engancha a sobremanera al espectador independiente de mediados de los años noventa influenciado por las primeras obras de Quentin Tarantino. Es imposible poner en tela de juicio el tema de la empatía cinematográfica del espectador común del cine de Hollywood: su gusto por la violencia, que asimismo -a manera de oxímoron- la repudia en su contexto plagado de violencia tanto en los medios de comunicación como en las escuelas y universidades de pueblos grandes y pequeños de un país tan diverso como los Estados Unidos.

En una obra cinematográfica contestataria resulta provocador que en una figura encarnada por Juliette Lewis exista una asesina atrapa-hombres, y que, además, sobre la base de su arquetipo venusino pueda amar visceralmente de la misma forma que exterminaría a la humanidad a fuerza de balazos. Sin embargo, es imposible que este tipo de historias -como sucede así en el largometraje La asesina (Point of No Return) (1993), de John Badham, en la que Bridget Fonda constituiría una suerte de Mallory Knox sofisticada- formen parte de la psicología estructural de una sociedad moralista y occidental. En el ámbito del séptimo arte, estos personajes, entre otros, se han convertido en heroínas, sin dejar de lado a la legendaria Bonnie, que fue representada por Faye Dunaway. En el marco de sus historias triunfan gracias a la astucia y a la belleza que las caracterizan sin necesidad de transformarse en mártires de la sociedad a la que rechazan. No dejarán de ser heroínas así tengan que morir en la historia, tampoco dejarán de ser íconos de los imaginarios urbanos influenciados por el séptimo arte.
De esa forma, la sociedad estadounidense es una contradicción: aman como repudian a la violencia.

Y es innegable que temas tan escabrosos como violencia y muerte hayan sido tratados en ciertos casos a la perfección desde la estética del cine, cuando la violencia se transforma en un tema para ensalzar o un tópico reelevante en las artes. Un ejemplo claro es Elephant, de Gus Vant Sant, que parte de la masacre en Columbine para realizar un interesante experimento temporal que obtuvo varios premios; o combinar la primera secuencia (la del asalto en un bar) con 'Waiting for The Miracle', del músico poeta Leonard Cohen, y 'Shitlist', de L-7, en Asesinos por Naturaleza. Así como la recurrencia de la belleza armónica de Beethoven en contradicción con la violencia de Alec en la Naranja Mecánica cuya estética es evidente en las mentes de Alex y Eric, en Elephant.
Por demás está decir que es destacable Tom Stall (Viggo Mortensen), en un inicio el héroe de un pequeño pueblo de EEUU en la última cinta de David Cronenberg, A History of Violence, quien asesina por defensa personal y de quien se descubre tener un largo historial en la lista negra de mafiosos peligrosos, aun así no deja de ser nunca el héroe que sale ileso de cada enfrentamiento en los que mata sin compasión a otros miembros de la mafia que dijeron ser sus amigos, entre ellos su hermano. A la vez es monstruoso y repudiable.

No sería extraño que Cho Seung-Hui, el victimario de la High Tech de Virginia, se convierta a través de la pantalla grande en un carácter mitificado al máximo, donde no necesariamente será el héroe pero tampoco el “monstruo”, después de una misiva en la que afirmó sentirse como Cristo a favor de los que, al igual que él, sufren los efectos de una sociedad compleja.

Los asesinatos en establecimientos educativos: efecto dominó


Cronología de masacres en escuelas de Estados Unidos: Columbine, el catalizador de una serie de eventos de violencia.

Abril 1999: Dos adolescentes asesinan a 12 estudiantes y un profesor y luego se suicidan en la escuela secundaria de Columbine, en Colorado.
Mayo 1999: Alumno mata a seis estudiantes en Georgia.
Noviembre de 1999: Un estudiante mata a una compañera de aula de 13 años de edad en Nuevo México.
Febrero 2000: Una niña de seis años de edad muere por los disparos de otro alumno.
Marzo 2001: Un alumno abre fuego en una escuela de California y mata a dos estudiantes.
Abril 2003: Un adolecente mata al director de una escuela en Pensilvania y después comete suicidio.
Mayo 2004: Cuatro personas resultan heridas en un tiroteo en una escuela de Maryland.
Marzo 2005: Un alumno de Minnesota mata a nueve personas y luego se quita la vida.
Noviembre 2005: Un estudiante de Tennessee asesina al vicedirector de una escuela y hiere a dos trabajadores administrativos.
Septiembre 2006: Un sujeto asesina a una estudiante adolescente de las dos que había tomado como rehenes en una escuela en Colorado y luego se quita la vida.
Octubre 2006: Un hombre mata a cinco niñas en una escuela de la comunidad amish en Pensilvania para luego suicidarse. Dos días más tarde, un adolescente mata al director de una escuela en Cazenovia, Wisconsin.
Abril 2007: Un pistolero asesina a una 32 personas en la universidad Virginia Tech, en Virgina.

Cho, espantoso "mártir"


“El gobernador Kaine nombró el jueves una comisión de expertos independientes encargados de estudiar qué podría haberse hecho para evitar esta masacre.
La investigación reveló que el asesino, Cho Seung-Hui, quien se suicidó luego de matar a 32 alumnos y profesores, había provocado inquietud mucho antes de este drama por su comportamiento acosador hacia varias muchachas.
A pesar de que era conocido por los servicios policiales y de salud mental, el muchacho surcoreano pudo comprar con toda legalidad dos pistolas y una importante reserva de municiones.
Los videos, cartas y fotografías que envió el mismo día de la matanza a la cadena de televisión NBC muestran un joven visiblemente perturbado, lleno de ira y violencia”. (Tomado de AFP)


La matanza en la High Tech de Virginia, en Blacksburg, ha sido la más terrible que ha sucedido en los Estados Unidos a manos de un estudiante de Filología Inglesa que siempre fue visto por sus profesores y compañeros como un ser aislado y perturbado que escribía historias obscenas en sus ensayos literarios. Tenía 23 años.


Cho ratificó ser el humillado, el agredido, la víctima donde confluía la ira de la humanidad con los desequilibrios psicológicos que la vida urbana impone. Sin duda el ser lleno de odio que celebró la memoria de Eric y Alex, los adolescentes homicidas en Columbine, a quienes llamó mártires, en el 9.º aniversario de esta masacre, donde 13 personas murieron. Pero Cho “lo celebró con grandilocuencia”, 32 asesinados. “No había una sola víctima con menos de tres agujeros de bala”, indicó a la CNN el doctor Joseph Cacioppo, del hospital de Montgomery en Virginia. Podría ser monstruoso viéndolo todo desde el ojo que juzga un hecho real desde el punto de vista de la audiencia. Es monstruoso, pero la sociedad que podría gustar de la violencia en la industria del entretenimiento también podría ser monstruosa para un desadaptado. Es un efecto que raya en la complejidad de la mente humana y que incluso está enmarcado en el conjunto de patologías psiquiátricas que se les ha olvidado considerar a las leyes norteamericanas antes de vender un arma cuyo destino siempre es incierto.


“Una nota del diario español El país señala que en la actualidad hay 65 millones de pistolas en circulación en los Estados Unidos y precisa que uno de cada tres norteamericanos está armado, y muchos fuertemente armados”. No cabe la menor duda de que cada ciudadano vive o se inventa su propia película donde aspira siempre, con un poco de suerte, a ser el héroe homicida en pos de su defensa personal o de la comunidad que lo rodea.