
miércoles, 8 de abril de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Entre Bukowski en una esquina europea y hipsters

"Aftermath: The Philosophy of the Beat Generation", by Jack Kerouac, Esquire magazine, March 1958
"The Beat Generation, that was a vision that we had, John Clellon Holmesand I, and Allen Ginsberg in an even wilder way, in the late forties, of ageneration of crazy, illuminated hipsters suddenly rising and roamingAmerica, serious, bumming and hitchhiking everywhere, ragged, beatific,beautiful in an ugly graceful new way--a vision gleaned from the way wehad heard the word 'beat' spoken on streetcorners on Times Square and inthe Village, in other cities in the downtown city night of postwarAmerica--beat, meaning down and out but full of intense conviction--We'deven heard old 1910 Daddy Hipsters of the streets speak the word that way,with a melancholy sneer--It never meant juvenile delinquents, it meantcharacters of a special spirituality who didn't gang up but were solitaryBartlebies staring out the dead wall window of our civilization--thesubterraneans heroes who'd finally turned from the 'freedom' machine ofthe West and were taking drugs, digging bop, having flashes of insight,experiencing the 'derangement of the senses,' talking strange, being poorand glad, prophesying a new style for American culture, a new style (wethought), a new incantation--The same thing was almost going on in thepostwar France of Sartre and Genet and what's more we knew about it--Butas to the actual existence of a Beat Generation, chances are it was reallyjust an idea in our minds--We'd stay up 24 hours drinking cup after cup ofblack coffee, playing record after record of Wardell Gray, Lester Young,Dexter Gordon, Willie Jackson, Lennie Tristano and all the rest, talkingmadly about that holy new feeling out there in the streets- -We'd writestories about some strange beatific Negro hepcat saint with goateehitchhiking across Iowa with taped up horn bringing the secret message ofblowing to other coasts, other cities, like a veritable Walter thePenniless leading an invisible First Crusade- -We had our mystic heroesand wrote, nay sung novels about them, erected long poems celebrating thenew 'angels' of the American underground--In actuality there was only ahandful of real hip swinging cats and what there was vanished mightilyswiftly during the Korean War when (and after) a sinister new kind ofefficiency appeared in America, maybe it was the result of theuniversalization of Television and nothing else (the Polite Total PoliceControl of Dragnet's 'peace' officers) but the beat characters after 1950vanished into jails and madhouses, or were shamed into silent conformity,the generation itself was shortlived and small in number."
lunes, 23 de marzo de 2009
Factótum
Mickey Rourke: Aún no. Estoy en ello. Es un trabajo diario. Para empezar tengo que controlar mi propia naturaleza, esa facilidad para la confrontación que siempre me ha acompañado. Me ha costado una eternidad crecer y madurar. Pero no quiero convencerme de que ya estoy bien porque puedo volver a caer. Ya me pasó una vez y no quiero repetirlo. La vida es demasiado corta como para cometer esos errores. Ahora sólo quiero trabajar. La gente me dice que he vuelto, pero no siento que sea así. Cuando llegas tan abajo y permaneces allí durante tanto tiempo, no tienes la sensación de que vuelves de ningún sitio. (Tomado de la entrevista para Revistaman.es)
Henry Chinaski, el gato callejero, el vicioso artista, el perro viejo, de él tengo una imagen desértica, como los parajes californianos entre moteles y empleos fallidos de aquel uno más que no calza en el criticado estructuralismo del estilo de vida americano en Barfly, de Barbet Schroeder. Factótum, la historia literaria para una road movie, solamente se pudo llevar a cabo con la imagen de Mickey Rourke. De Henry Chinaski-Charles Bukowski, Rourke por sí mismo es una crítica al molde, partiendo desde el patrón de actor (anti-apuesto, anti-galán) hasta el modelo de personajes que interpreta, Chinaski es aquel que por antonomasia cumple a cabalidad el papel de un outsider físicamente desagradable opuesto a la norma. En Spun, de Jonas Ackerlund. Esa fue la primera vez que vi a Rourke de vaquero contemporáneo ciento por ciento gringo con botas de piel de culebra. Su personaje, The Cook, un dealer, otro motivo más para hacer de él -a su vez- un modelo innovador de esa época para el nuevo cowboy que juega con la mafia y el narcotráfico; el otro motivo es su personaje, Marv, en Sin City. Es siempre hombre duro, imposible que al menos físicamente sea lo contrario, si se conoce que Rourke fue boxeador, carrera que le dejó cicatrices en el rostro, así como fanático de las motocicletas. Pero en ese lado instintivo actoral de Rourke, sea una caricatura como The Cook o el del escritor sumido en la decadencia, hay olas de un talento hipersensible que denota precisamente un actor real que se basa en un continuo ensimismamiento dentro sus personajes. Es el mismo Rourke el que sale a la luz. Son sus vísceras y sus pasiones, como sus frustraciones y vicios en carne viva. Y si se trata del Rourke visceral que llega a ser sexual, desde este punto lo hizo muy bien en 9 semanas y media y lo intentó repetir en Orquídea salvaje. En la primera, es un joven Rourke con la pasión de un personaje y un actor que no necesita la belleza tradicional para ser hipersexual. En él, tanto como en otros actores, su sexualidad no parte de la estética masculina establecida por Hollywood, sino de su exacerbada pasión y talento para ser él mismo siendo cualquier personaje aunque no afin a su temperamento innato. Rourke, así, se transforma el mismo en un ícono, sin necesitar de un patrón o molde; en él se basan varios otros actores más jóvenes.
Porque se levantó de una vida sumida en las profundidades de la perdición, dicen que con The Wrestler, Rourke “regresó como el Ave Fénix”, lo que le dio más fuerza mediática; además este filme le valió los premios BAFTA, Spirit y Globo de Oro como Mejor Actor en un drama. Esta vez de la mano del director neoyorquino Darren Aronofsky (Pi, Requiem for a Dream), Rourke alcanza una actuación sustentada en la fluidez de sus facetas tanto ícono como hombre. Así vuelve el Rourke, el que fue escritor, máquina de follar (como le diría Bukowski), dealer, motociclista y ahora luchador como si cada interpretación fuese una faceta suya propia en la vida real; no obstante de su exitoso y triunfal regreso, él siente que “no volvió de ningún sitio”.
viernes, 20 de marzo de 2009
Otaner
miércoles, 4 de marzo de 2009
Higuera
que sus divagaciones deben haberse grabado como la caja negra de un avión. ¡Pregúntenle al almohadón! Finus carica barrote ad portas, fértil y enjaulada, de su matriz propia, prisionera; de su androgenismo sexual, esclava.
aliento de los monstruos primigenios del Necronomicon. Mi descendencia reinará en el universo del mal cabalgando hipogrifos en el rojizo horizonte del paisaje frente a esta ventana".
