martes, 24 de julio de 2007

Parálisis Permanente - Quiero Ser Santa

Parálisis Permanente fue un grupo español de post punk de la década de los ochenta, al que se considera iniciador de una corriente de sonido oscuro dentro de la llamada movida madrileña. Surgidos a principios de la década en Madrid, tras la separación de Alaska y los Pegamoides, sacaron un único LP y vieron truncada violentamente su prometedora carrera cuando se encontraban en su mejor momento. Pese a su breve recorrido, hoy en día se les considera una banda de culto dentro de las contraculturas siniestra y punk española, además de encajar en el prototipo de banda maldita en la que la sombra de un final trágico se proyecta sobre la obra haciendo que esta tome una mayor relevancia, no solo por lo que es, sino, además, por lo que pudo haber sido. (Wikipedia)

El perfume: la seducción, el poder del psicópata


El agua más turbia que puedas beber.
La línea más curva que puedas trazar.
La trampa más bella en la que puedas caer...
La chica del año en la facultad.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Recuerdo cuando eras portada en revistas,
el punto brillante inalcanzable.
Gastabas cada día una fortuna en cosméticos,
y objetos extraños que no usabas jamás.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Marcabas como un paso de baile al andar,
y nunca querías pararte a pensar.
Animal de celuloide,
tus propios pensamientos quieren asesinarte.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Corren los años de tu juventud,
desde el primer día empezaste a caer.
Alguna oscura conexión te lleva con frecuencia al psiquiátrico.
Tus partes médicos profecías alarmantes,
tu ojos llenos de aquélla luz demente.
Dejaste una frase de despedida:
"adiós, voy a buscar el paraíso".
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
(Jorge Martínez/Ilegales)

Impavidez. Si de nombrar la característica más sobresaliente de Jean Baptiste Grenouille (El Perfume) se trata, precisamente sería aquella, la ausencia de denuedo ante la supuesta culpa. El Leitmotiv del psicópata excento de amor, moral y religión. La impavidez junto a un espíritu brillante cuya aprehensión raya en la racionalidad son características desconfiables que fácilmente seducen a los “normales”.

Simbólico resulta que Grenouille no huela a nada, ni a ropa rancia ni cloacas de París, de donde provino; una apología de su falta de empatía con algún humano. Imprescindible resulta que no tenga aroma alguno para que nadie lo quiera, tampoco le interesa que alguien lo ame, sino que esté a su servicio, cual amo que exprime hasta la última gota de sudor de su súbdito, como un vampiro que succiona toda la sangre de su presa.

Tom Tykwer lo supo dibujar bien. Quizá Grenouille, en la versión cinematográfica de este cineasta germano, sea lo magistral de su última obra. No importan siquiera los asesinatos cometidos en aras de sus obsesiones sino el garbo con el que los efectuaba, junto a la perfección para eternizar el olor de cada víctima.

Entre la belleza y la maldad aleteaba Grenouille, cazador de mujeres hermosas cuya belleza se respiraba en su piel, lo que Tykwer conjuga perfectamente con los colores. En una sinestesia la pelirroja que camina por una calle desolada cuya cabellera roza la blancura de un cutis terso que emana un aroma a duraznos, la primera víctima, a quien nunca olvidó por constituir el origen de su maldad sin culpa.

Tal vez Patrick Suskind construyó en el libro otra especie de psicópata, uno al que el espectador percibe de lejos sin esa literalidad que el personaje de la pantalla grande logra naturalmente y la que precisamente seduce, asimismo como el psicópata, a quienes miran el largometraje. La cinta no es una obra maestra pero está realizada con precisión, con absoluto cuidado en la historia cronológica de la trama, y el uso de una estética original al estilo “rojo” de Tykwer, un fetichista del tono pasional del cabello en las mujeres, que evidentemente se originó con el personaje de Franka Potente en Run Lola Run.


La historia fluye sobre la base del sentido del olfato. Las sensaciones primitivas del humano son los olores, toda una forma de comunicación instintiva, primaria en los animales. Primigenio y desarrollado en Grenouille, la única pasión obsesiva en su talento, la manera en que podían serle útiles los demás.

Grenouille, el asesino inserto en el glamoroso mundo del perfumista, elabora el complejo mundo paradójico del bien y el mal, entre Eros y Tanatos, y la belleza y la fealdad. En medio de diversos aromas: limón, almizcle, lavanda, clavo de olor, rosas y lilas, Jean Baptiste, con un porte aparentemente inocente, se extasiaba ante la sola presencia de una mujer que emane un agradable olor, pero más allá de eso se sobrecogía ante la idea de poder capturar ese aroma en alguna esencia. De esa forma se dio inicio la racha de asesinatos en los que Grenouille obtenía la piel y los cabellos de sus víctimas para convertirlos en un caro perfume. Sin embargo, el horror del homicida no radica en lo macabro de sus objetivos para despojar la vida de decenas de damas, está en algo que resulta mucho más interesante, el poder, especialmente en la seducción.

Ergo, el arma, más allá de la impavidez y el talento, es el poder que llegó a sus manos a través de un perfume, el símbolo de la seducción de este psicópata. En magistrales escenas simbólicas, Grenouille llegó a convertirse en un manipulador de masas, como tantos en la historia lo han sido, a cuyos pies la humanidad cayó considerándolo un dios a quien fue necesario obedecer. No tiene el don de la palabra, Grenouille posee el poder del aroma, la ambrosía de la seducción, para convencer a todos de que es un ángel caído del cielo y no un monstruoso ser humano.
El actor, el británico Ben Wishaw, definitivamente logra una estupenda actuación al encarnar a Grenouille. No tan novato pero desconocido en el plató de las famosa obras del séptimo arte.

El perfume realmente consigue unas exquisitas actuaciones que logran el fluir de sensaciones a través de los olores, formas y colores. Más que una historia que raya en lo sádico del hombre es un cúmulo de momentos seductores que consiguen una brillante contraposición con un personaje malvado: Jean Baptiste Grenouille, un psicópata hedonista cuyo poder radicó siempre en el olfato.

martes, 19 de junio de 2007

La reinterpretación electrónica de Floyd y U2, entre la innovación y el negocio



Indiscutible resulta el planteamiento de una crítica sobre el resultado de la música electrónica fusionada con un clásico considerado “sagrado” como es la banda de rock progresivo Pink Floyd y el bagaje artístico-cultural de este ícono inglés a escala mundial. Y es que a muchos adeptos de su música les chocará, quizá a otros les encantará -las opiniones son divididas-, escuchar la lírica de 'Confortably Numb' o de 'Wish You Were Here', escrita por el genio Roger Waters, entonadas por la ensoñadora y sensual voz de la cantante de Lazy, parte del proyecto Pink Floyd: A Chillout Experience (el primer álbum, en 2006), calificado por críticos musicales con una agrupación con fines “comerciales”. Sí, la música ya conocida, con toques y tintes electrónicos que tanto gustan a la juventud, podría venderse fácilmente; sin embargo quedarse con esta aseveración, asimismo, desembocaría en la simple conclusión burda.

Este fenómeno novísimo es parte de la fragmentación del objeto otrora de culto para “refreírlo” a manera, si se quiere, digerible en aras de la búsqueda de ser parte del nuevo movimiento chillout, que tiene el permiso comercial respectivo para hacer lo que desea con lo que la tradición considera qué es realmente música: Bob Marley (reggae), Pink Floyd (rock progresivo), Gun's and Roses (hard rock), entre otros clásicos representativos de sus géneros fusionados con bossa nova, jazz, flamenco, etc., y beats de sintetizadores digitalizados. Temas que han pasado ser parte de los imaginarios roqueros y “respetados” por miles de fans en el mundo han merecido estar en la lista de covers cantados por otros grupos en distintos ámbitos musicales, por un lado a manera de tributo, por otro, debido a la fama y el nombre que han convertido en una leyenda popular desde hace casi medio siglo. Entre el mito y la fama, Pink Floyd es también un estilo de vida, más allá del talento musical que ha influido en bandas más nóveles.

Lazy además ha dedicado un tributo a U2, una banda más nueva pero una de las endiosadas del pop europeo, en su álbum 2007 In The Name of Love, a través de una reinterpretación electro-jazz, quizá menos pegajosa que el primer trabajo. U2 es definitivamente un ícono que ha sabido fluir a través del tiempo sin chistar con mucha creatividad y bajo la línea comercial a partir de los años ochenta. De esta forma, los temas más famosos como 'Beautiful Day' o 'Sunday Bloody Sunday' adquieren nuevos matices, los electrónicos, en una era en la que el arte toma otras significaciones.

Entre el mito y la fama: quizá sean esos, más allá de la intención, los resultados de un álbum de covers, muy sui géneris -en el caso de Pink Floyd- dada su fusión de los ritmos brasileños de la bossa nova, los experimentos electrónicos elaborados en la Argentina y las líricas del rock inglés, de gira por el Ecuador. ¡Vaya que la globalización está en marcha! Así como el jazz norteamericano, las líricas de una banda de pop irlandesa junto a las notas computarizadas, en el caso de la agrupación cuyo líder es Bono Vox.
De esta forma, es necesario que la audiencia musical tanto tradicional como experimental considere que en los tiempos actuales, qué vieja discusión, lo válido no es el genio ni la estructura técnica o pionera de un género musical en tanto la tradición de otros tiempos lo dicte, sino que como parte de la globalización dentro del posmodernismo que expuse anteriormente en lo de Buddha Sounds, Chillout Experience y In The Name Of Love sean considerados como unos representantes más de este fenómeno digno de escucharse. Es válido “reciclar” la música, como sucede actualmente con el cine y otras manifestaciones artísticas que dan valor a un hito de una manera nueva: ese precisamente es el valor para re-crear obras que están en el inconsciente colectivo y que adquieren formas nuevas, no mejores, ni peores, pero diferentes. Y, por supuesto, son sujetos de un buen negocio.

La comparación está demás.

La gira de este proyecto que ha sido denominada "Chillout Experience" se presentará en Quito, en el Teatro Bolívar, el viernes 13 y sábado 14 de julio.

jueves, 14 de junio de 2007

Tres cuadros que hay que ver

Opus 217, de Paul Signac



Nadgorodom, de Marc Chagall





Gato y pájaro, de Paul Klee



martes, 22 de mayo de 2007

A propósito de Emma Bovary

Solo que esta vez es Marion, en la película de 2004 de Francois Ozon, 5x2