domingo, 19 de abril de 2009

México, la protagonista de La región más transparente

Entrevista a Fernando Balseca , coordinador académico del Doctorado en Literatura de la Universidad Andina Simón Bolívar y crítico de obras de literatura hispanoamericana

(Publicado el 18 de abril de 2009 en Diario HOY, versión completa)

La región más transparente, del mexicano Carlos Fuentes, representa el primer estallido boom de la nueva novela hispanoamericana, que recupera la lengua mestiza abierta a la integración. Gonzalo Celorio, en el estudio introductorio, afirma que Fuentes publicó esta obra antes de cumplir 30 años. Asimismo indica que entre los recursos narrativos de la novela se encuentran la ruptura de la linealidad argumental del discurso, alternancia del narrador omnisciente con el monólogo interior, flujo lírico y atemporal, y la reproducción de ideoleptos. Fuentes centra la obra en la posrevolución institucionalizada, una de las razones por las que constituye la primera novela que le da voz propia a la ciudad de México.

La Real Academia de la Lengua, la Academia Ecuatoriana de la Lengua, la Embajada de México y editorial Alfaguara presentaron en Quito la edición conmemorativa de esta obra. HOY conversó con Fernando Balseca, quien intervino en esta presentación junto a Emilio izquierdo.

¿Por qué se decidió efectuar esta edición conmemorativa de la obra a cargo de la Real Academia de la Lengua, Academia Ecuatoriana de la Lengua, Alfaguara y la Embajada de México?

Se trata de una estupenda iniciativa de la RAE, ya que la imagen que tenemos de la Academia es que esta es una institución excesivamente formal. Entonces 2005, la RAE, en conjunto con las academias latinoamericanas de la lengua, está produciendo unos libros bajo una denominación de “ediciones conmemorativas”. La primera fue El Quijote de la Mancha, en una edición popular a precios asequibles con versiones renovadas, estudios introductorios y varios colofones, etc. La segunda fue a propósito de los 80 años de García Márquez, con Cien años de soledad y esta se da por los 80 años de Carlos Fuentes y 50 de publicación de La región más transparente. Generalmente pensamos que la Academia está para normar con rigidez las hablas locales pero, con esta estupenda iniciativa, devuelve a las comunidades de lectores en América Latina textos que son revisados y que se constituyen en versiones definitivas de las obras canónicas o los clásicos contemporáneos de nuestras literaturas.

¿Cuál es el legado de La región más transparente para la literatura hispanoamericana?

Hay varios puntos. En primer lugar es una novela que, publicada en 1958, presenta un modo radicalmente distinto de novelar en América Latina. Es una obra literaria compleja, pero una vez que uno se adentra a lo largo de sus 500 páginas, va tomando destreza para su lectura. Es compleja porque es una novela fragmentaria, intenta retratar aproximadamente unos 40 años de vida, particularmente de la Revolución Mexicana. Creo que un eje fundamental de su legado es el análisis crítico a través de la ficción de lo que ha devenido hacia la segunda mitad de siglo XX, ese acontecimiento tan importante no solo para la vida de los mexicanos, sino de los latinoamericanos en general, que fue la Revolución Mexicana. Vuelve a ligar la literatura como una especie de instrumento de la palabra que permite el análisis de la realidad. La literatura no solamente es producto del delirio de la imaginación sino que la ficción es un mecanismo para tratar de entender la realidad.

Es una novela que tiene que ver con una especie de balance de la situación política, social y cultural que se produjo luego de la Revolución Mexicana. Creo que otro eje importante es que la mayor parte de la novela, en estos coinciden otros estudiosos de la obra, es un trabajo en el que la propia ciudad se convierte en personaje de la obra. Incluso una novela tan interesante como Cien años de soledad tiene un legado rural. La región más trasparente es una obra en la que la urbe, con la inmensa contradicción, de 4 millones de habitantes en ese entonces, genera inmensa contradicciones entre sus capas sociales, presenta una inmensa riqueza de perspectivas, incluso de un mismo problema. Frente a una tradición de la tierra, de lo regional, del campo, de lo rural, la novela se presenta como una alternativa distinta, es talvez la gran primera novela en la que en la modernidad se instala al país México como lugar que funciona como personaje central del texto.

¿En qué radica el poderío verbal de Carlos Fuentes en esta obra?

Hay una recuperación del habla popular. Siempre se ha pensado que la literatura es un recurso que prestigia la norma, pero Fuentes inaugura una serie de incorporaciones de la novela de carácter linguistico que tienen que ver con hablas específicas de los mexicano, de los sectores de la burguesía. Me parece que una de las técnicas fundamentales de La región más transparente tiene que ver con una especie de aparente desorden estructural. La novela presenta voces que se interceptan, que el lector tiene que tratar de dilucidar de quién se habla. El poderío verbal tiene que ver con esta necesidad de forzar al lector a tener como una actitud un poco más especializada con respecto de la propia lectura de la novela. Finalmente, este poderío también se basa en alusiones a la cultura nacional mexicana con el hecho de incorporar discursos políticos de otros, alusiones cultistas.

En el estudio introductorio, José Emilio Pacheco dice que Fuentes pinta a México como la Gran Prostituta de Babilonia porque la novela se inicia y se termina con la prostituta Gladys García. ¿Qué implica este personaje en La región más transparente?

Esto puede ser entendido como una posición cultural y literaria de Fuentes en el sentido de que la cultura no se encuentra solamente en los estratos que podemos llamar cultos, sino que el ser nacional es una síntesis. Es interesante que Fuentes coloque a este sujeto femenino “descalificado” porque le da la palabra a un sector social que uno creería que no tiene voz. Entonces la novela puede ser entendida también a partir de este gesto narrativo de Fuentes como el hecho de caracterizar una situación cultural con los más deposeídos.

¿Qué representa Ixca Cienfuegos en la novela?

Es un personaje que aparece como un guardián de la memoria, de esa colectividad tan compleja que es la ciudad de México y el país. Es un personaje que se lo ve con todos los protagonistas de la obra y es atemporal, real, se encarna, tiene relaciones amorosas y su función fundamental es ser una gran conciencia, que es la que puede ir hilvanado la serie de aparentes historias dispersas que se presentan en el texto. Este ha sido comparado como la expresión en la palabra escrita de lo que ha sido el muralismo mexicano en la pintura. En los estudios, la novela es comprada con los murales de Diego Rivera, donde pintó varios personajes simbólicos. La novela propone personajes de varias generaciones a lo largo de una temporalidad de más de cuatro decenios. Ixca Cienfuegos es una voz que domina y da coherencia a ese aparente desorden narrativo en el que se presenta la novela. La región más trasparente evoca el sincretismo cultural en la mentalidad de los personajes burgueses, la clase media, los personajes populares y extranjeros que viven en México, además se ve una mezcla de pensamiento religioso católico de antiguas tradiciones del México ancestral de origen azteca o maya. Ciertamente, este tiempo está comprimido, el presente atrapa todos los tiempos posteriores y esa originalidad es lo que nos da nueva identidad de lo mexicano.

Pacheco asegura que Fuentes es la voz de Hispanoamérica dentro del mundo anglosajón. ¿En qué se basa para hacer esta afirmación?

Porque recurre al seguimiento de la vida de Fuentes. Este fue un hijo de la diplomacia. Su padre estuvo en varias delegaciones en el continente americano durante muchos años. Fuentes ha contado sus experiencias escolares en distintos países de América Latina y de EEUU. Y de cómo esto le producía un sentimiento de desarraigo, de no poder consolidar a sus amigos pequeñitos porque tenía que mudarse. Fuentes conecta, por esta experiencia biográfica vital de su juventud, de mejor manera la tradición de la literatura latinoamericana con la tradición de la lengua inglesa. Creo que José Emilio Pacheco hace referencia al bilingüismo de Carlos Fuentes, un escritor que no ha tenido que conocer el puso, el ritmo, la tonalidad de la gran novelística norteamericana por ejemplo de los años treinta y cuarenta. La ha podido sentir en su propio registro de la lengua inglesa por su bilingüismo absoluto. El hecho de que Fuentes sea bilingüe supone una ventaja porque las lenguas trasladan estructuras de pensamiento. Esto le ha permitido a Fuentes ser una voz directa sin traducciones de defensa de lo latinoamericano en los EEUU.

jueves, 9 de abril de 2009

Palimpsesto en una tríada

1. La foto de Kurt Cobain con su gato la tenía desde hace siglos pero aprovechando la coyuntura periodística en vista del 15.º aniversario de su muerte (que fue el 5 de abril, claro un poco atrasada) colgué esta foto para homenajearlo a él y a mi Gato Negro. Aunque debo decir que encontré una lista de 100 anécdotas (http://www.blender.com/) en torno a Nirvana en la que una reza: “33 things you should know about Nirvana: 6. Being a Cobain pet was high risk. In 1981, Kurt killed a cat by trapping it inside his parents’ chimney. Five years later he accidentally stepped on the head of his pet rat, Kitty, and was forced to beat it to death with a plank. In 1991, Kurt dyed his kitten, Quisp, red, white and blue with Kool Aid — then watched it have sex with his pet rabbit Stew (Ser una mascota de Cobain era de alto riesgo. En 1981, Kurt mató a un gato encerrándolo en la chimenea de la casa de sus padres. Cinco años después accidentalmente le pisó la cabeza a su rata mascota, Kitty, y fue forzado a golpearla con un tabla. En 1991, Kurt tiñó a su gatito Quisp de rojo blanco y azul con Kool Aid luego lo miró teniendo sexo con su conejo Stew). Ser Cobain tampoco fue fácil. Ya lo dijo: “I’m definitely gay in spirit”.

2. Como lo pop punk ha trascendido de forma novedosa en la época actual hoy oí por primera vez Transvision Vamp, un grupo alternativo británico cuya vocalista, Wendy Jones, se dio a conocer por su soltura sexual y estética "vamp". Como solista, en los noventa, se inclinó a lo indie, menos comercial pero más artístico antes que estético, a lo que estuvo acostumbrada en los ochenta. En 1989, Transvision Vamp lanzó su álbum Velveteen, el que seguramente dio el nombre al álbum del español Miguél Bosé, Velvetina. ¿Dos nombres muy parecidos no? Para hablar de terciopelo, la humanidad preferiría pensar en Wendy Jones y en David Lynch y su propia cantante Dorothy Vallens.




3. Tengo un libro por leer: The Infinite Jest, de David Foster Wallace, 1 200 páginas y en inglés. Monumental, una oda al entretenimiento que habla del entretenimiento, la broma infinita, la analogía del estilo de vida americano, caricaturizada, a lo Black Hole Sun. The Infinite Jest fue considerada por la revista Time como una de las obras más importantes de habla inglesa desde 1923. El autor de Oblivion se suicidó en septiembre del año pasado, tenía 20 años luchando contra la depresión y esto selló su lugar en la lista de genios que acabaron con su vida pero cuyo legado empezó a cimentarse gracias a su polémica muerte. Mi amiga María Isabel Castro me mandó este libro con gatuna ansia de que lo leyese por pasión pura, lo que me tomará un tiempo hiperconsiderable en hacerlo entre cuaderno en mano y diccionario especializado en slang inglés-español. Aquí va su nota mortuoria del New York Times:
David Foster Wallace, Influential Writer, Dies at 46
By
BRUCE WEBER
Published: September 14, 2008
David Foster Wallace, whose prodigiously observant, exuberantly plotted, grammatically and etymologically challenging, philosophically probing and culturally hyper-contemporary novels, stories and essays made him an heir to modern virtuosos like Thomas Pynchon and Don DeLillo, an experimental contemporary of William T. Vollmann, Mark Leyner and Nicholson Baker and a clear influence on younger tour-de-force stylists like Dave Eggers and Jonathan Safran Foer, died on Friday at his home in Claremont, Calif. He was 46. A spokeswoman for the Claremont police said Mr. Wallace’s wife, Karen Green, returned home to find that her husband had hanged himself. Mr. Wallace’s father, James Donald Wallace, said in an interview on Sunday that his son had been severely depressed for a number of months.
A versatile writer of seemingly bottomless energy, Mr. Wallace was a maximalist, exhibiting in his work a huge, even manic curiosity — about the physical world, about the much larger universe of human feelings and about the complexity of living in America at the end of the 20th century. He wrote long books, complete with reflective and often hilariously self-conscious footnotes, and he wrote long sentences, with the playfulness of a master punctuater and the inventiveness of a genius grammarian. Critics often noted that he was not only an experimenter and a showoff, but also a God-fearing moralist with a fierce honesty in confronting the existence of contradiction.
“David Foster Wallace can do practically anything if he puts his mind to it,” Michiko Kakutani, chief book critic of The New York Times, who was not a consistent praiser of Mr. Wallace’s work, wrote in 2006. “He can do sad, funny, silly, heartbreaking and absurd with equal ease; he can even do them all at once.”
Mr. Wallace, who had taught creative writing at Pomona College in Southern California since 2001 and before that had taught at Illinois State University, came to prominence in 1986 with a broadly comic first novel, “The Broom of the System” (Viking), published when he was just 24. It used the narrative frame of a young woman’s search for identity to draw a loopy portrait of America on a comic and dangerous spiral into the Disneyesque confusion of reality and artifice.
Mr. Wallace was best known for his mammoth 1996 novel, “Infinite Jest” (Little, Brown), a 1,079-page monster that perceives American society as self-obsessed, pleasure-obsessed and entertainment-obsessed. (The president, Johnny Gentle, is a former singer.) The title refers to an elusive film that terrorists are trying to get their hands on because to watch it is to be debilitated, even killed, or so it’s said, by enjoyment. The main characters are a stressed-out tennis prodigy and a former thief and drug addict, and they give rise to harrowing passages about panic attacks and detox freak-outs. The book attracted a cult of fans (and critics too) for its subversive writing, which was by turns hallucinogenically stream of consciousness, jubilantly anecdotal, winkingly sardonic and self-consciously literary. The following year Mr. Wallace received a
MacArthur Foundation grant, the so-called genius award.
In contrast to the lively spirit of his writing, Mr. Wallace was a temperamentally unassuming man, long-haired, unhappy in front of a camera, consumed with his work and its worth, perpetually at odds with himself. Journalists who interviewed him invariably commented on his discomfort with celebrity and his self-questioning. And those who knew him best concurred that Mr. Wallace was a titanically gifted writer with an equally troubled soul.
“He was a huge talent, our strongest rhetorical writer,”
Jonathan Franzen, a friend of Mr. Wallace and the author of “The Corrections,” said in an interview on Sunday, adding later, “He was also as sweet a person as I’ve ever known and as tormented a person as I’ve ever known.”
Mr. Wallace was born in Ithaca, N.Y., where his father was a graduate student in philosophy. When David was 6 months old, his father got a job at the
University of Illinois, and the family moved to Champaign, Ill., where David became a locally prominent junior tennis player. At Amherst College, he studied philosophy and English, graduating summa cum laude in 1985. It was also at Amherst, said his mother, Sally Foster Wallace, an English teacher who specialized in grammar, that he began to write. One of his two senior theses became “The Broom of the System”; the other was about Aristotle and whether statements about the future can be true.
Mr. Wallace received a master’s degree in fine arts from the
University of Arizona in 1987 and began sending out his short stories, many of them collected in the volumes “Girl With Curious Hair,” “Brief Interviews With Hideous Men” and “Oblivion.” He also wrote essays and reported pieces on an astonishing array of topics, from lobsters to Roger Federer, the pornography industry to John McCain, collected in several volumes, the latest being “Consider the Lobster and Other Essays” (Little, Brown, 2006).
In addition to his wife, whom he married in 2004, and his parents, who live in Urbana, Ill., Mr. Wallace is survived by a sister, Amy Wallace Havens of Tucson.
His father said Sunday that Mr. Wallace had been taking medication for depression for 20 years and that it had allowed his son to be productive. It was something the writer didn’t discuss, though in interviews he gave a hint of his haunting angst.
In response to a question about what being an American was like for him at the end of the 20th century, he told the online magazine Salon in 1996 that there was something sad about it, but not as a reaction to the news or current events. “It’s more like a stomach-level sadness,” he said. “I see it in myself and my friends in different ways. It manifests itself as a kind of lostness.”
James Wallace said that last year his son had begun suffering side effects from the drugs and, at a doctor’s suggestion, had gone off the medication in June 2007. The depression returned, however, and no other treatment was successful. The elder Wallaces had seen their son in August, he said.
“He was being very heavily medicated,” he said. “He’d been in the hospital a couple of times over the summer and had undergone electro-convulsive therapy. Everything had been tried, and he just couldn’t stand it anymore.”



Mi broma infinita



miércoles, 8 de abril de 2009

jueves, 26 de marzo de 2009

Entre Bukowski en una esquina europea y hipsters

He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz... (De Aullido, de Allen Ginsberg)





"Aftermath: The Philosophy of the Beat Generation", by Jack Kerouac, Esquire magazine, March 1958

"The Beat Generation, that was a vision that we had, John Clellon Holmesand I, and Allen Ginsberg in an even wilder way, in the late forties, of ageneration of crazy, illuminated hipsters suddenly rising and roamingAmerica, serious, bumming and hitchhiking everywhere, ragged, beatific,beautiful in an ugly graceful new way--a vision gleaned from the way wehad heard the word 'beat' spoken on streetcorners on Times Square and inthe Village, in other cities in the downtown city night of postwarAmerica--beat, meaning down and out but full of intense conviction--We'deven heard old 1910 Daddy Hipsters of the streets speak the word that way,with a melancholy sneer--It never meant juvenile delinquents, it meantcharacters of a special spirituality who didn't gang up but were solitaryBartlebies staring out the dead wall window of our civilization--thesubterraneans heroes who'd finally turned from the 'freedom' machine ofthe West and were taking drugs, digging bop, having flashes of insight,experiencing the 'derangement of the senses,' talking strange, being poorand glad, prophesying a new style for American culture, a new style (wethought), a new incantation--The same thing was almost going on in thepostwar France of Sartre and Genet and what's more we knew about it--Butas to the actual existence of a Beat Generation, chances are it was reallyjust an idea in our minds--We'd stay up 24 hours drinking cup after cup ofblack coffee, playing record after record of Wardell Gray, Lester Young,Dexter Gordon, Willie Jackson, Lennie Tristano and all the rest, talkingmadly about that holy new feeling out there in the streets- -We'd writestories about some strange beatific Negro hepcat saint with goateehitchhiking across Iowa with taped up horn bringing the secret message ofblowing to other coasts, other cities, like a veritable Walter thePenniless leading an invisible First Crusade- -We had our mystic heroesand wrote, nay sung novels about them, erected long poems celebrating thenew 'angels' of the American underground--In actuality there was only ahandful of real hip swinging cats and what there was vanished mightilyswiftly during the Korean War when (and after) a sinister new kind ofefficiency appeared in America, maybe it was the result of theuniversalization of Television and nothing else (the Polite Total PoliceControl of Dragnet's 'peace' officers) but the beat characters after 1950vanished into jails and madhouses, or were shamed into silent conformity,the generation itself was shortlived and small in number."

lunes, 23 de marzo de 2009

Factótum

¿Crees que ya has pagado por tus pecados?

Mickey Rourke:
Aún no. Estoy en ello. Es un trabajo diario. Para empezar tengo que controlar mi propia naturaleza, esa facilidad para la confrontación que siempre me ha acompañado. Me ha costado una eternidad crecer y madurar. Pero no quiero convencerme de que ya estoy bien porque puedo volver a caer. Ya me pasó una vez y no quiero repetirlo. La vida es demasiado corta como para cometer esos errores. Ahora sólo quiero trabajar. La gente me dice que he vuelto, pero no siento que sea así. Cuando llegas tan abajo y permaneces allí durante tanto tiempo, no tienes la sensación de que vuelves de ningún sitio. (Tomado de la entrevista para Revistaman.es)
Henry Chinaski, el gato callejero, el vicioso artista, el perro viejo, de él tengo una imagen desértica, como los parajes californianos entre moteles y empleos fallidos de aquel uno más que no calza en el criticado estructuralismo del estilo de vida americano en Barfly, de Barbet Schroeder. Factótum, la historia literaria para una road movie, solamente se pudo llevar a cabo con la imagen de Mickey Rourke. De Henry Chinaski-Charles Bukowski, Rourke por sí mismo es una crítica al molde, partiendo desde el patrón de actor (anti-apuesto, anti-galán) hasta el modelo de personajes que interpreta, Chinaski es aquel que por antonomasia cumple a cabalidad el papel de un outsider físicamente desagradable opuesto a la norma. En Spun, de Jonas Ackerlund. Esa fue la primera vez que vi a Rourke de vaquero contemporáneo ciento por ciento gringo con botas de piel de culebra. Su personaje, The Cook, un dealer, otro motivo más para hacer de él -a su vez- un modelo innovador de esa época para el nuevo cowboy que juega con la mafia y el narcotráfico; el otro motivo es su personaje, Marv, en Sin City. Es siempre hombre duro, imposible que al menos físicamente sea lo contrario, si se conoce que Rourke fue boxeador, carrera que le dejó cicatrices en el rostro, así como fanático de las motocicletas. Pero en ese lado instintivo actoral de Rourke, sea una caricatura como The Cook o el del escritor sumido en la decadencia, hay olas de un talento hipersensible que denota precisamente un actor real que se basa en un continuo ensimismamiento dentro sus personajes. Es el mismo Rourke el que sale a la luz. Son sus vísceras y sus pasiones, como sus frustraciones y vicios en carne viva. Y si se trata del Rourke visceral que llega a ser sexual, desde este punto lo hizo muy bien en 9 semanas y media y lo intentó repetir en Orquídea salvaje. En la primera, es un joven Rourke con la pasión de un personaje y un actor que no necesita la belleza tradicional para ser hipersexual. En él, tanto como en otros actores, su sexualidad no parte de la estética masculina establecida por Hollywood, sino de su exacerbada pasión y talento para ser él mismo siendo cualquier personaje aunque no afin a su temperamento innato. Rourke, así, se transforma el mismo en un ícono, sin necesitar de un patrón o molde; en él se basan varios otros actores más jóvenes.
Bukowski espantaba desde niño, era raro, era feo. El rechazo quizá además sea un cliché en la vida de los desadaptados convertidos en artistas, como Janis Joplin rechazada en la universidad por su forma de vestir y su belleza “no convencional” con una voz antifemenina. Bukowski y Janis sufrieron por su fealdad y elaboraron corrientes artísticas cada uno por su lado con sus vivencias que trasgredieron las historias tanto de la literatura como de la música. Rourke logró ser tan parecido a Bukowski. La belleza está fragmentada porque la estética de belleza convencional también refleja una estructura, unos parámetros de armonía que están relacionados con la idea de bien. No hay belleza externa en los personajes de Rourke, hay profundidades infinitas de pasión, hay condumio y esencia de seres fuertes que buscan un auténtico destino no-destino. Recién lo vi actuando en un circo-cuadrilátero, en los espectáculos de lucha, maquillándose para los shows en vivo, para ser Randy “The Ram” Robinson que de caricatura y de personaje decadente se aglutina en uno solo. Rourke arma su personaje al pintarse el pelo de rubio, broncearse, ponerse una gillete en las muñecas para sacarla a escondidas y cortarse la cara, y así agregar más drama al show de lucha, pero Rourke también deconstruye este ícono del triunfo en el ser solitario que es Randy en la vida real, abandonado y sumido en la enfermedad. Así su personaje de antihéroe magistral, minuciosamente construido, va más allá de esa imagen mediática que tiene en los bajos mundos de la lucha porque en The Wrestler es un humano que sufre por si ineptitud ante la convención. Al ser “The Ram” triunfa, como hombre común pierde; es imposible dejar al “The Ram”, y pone en riesgo su cuerpo enfermo adicto a la cocaína y drogas analgésicas. Amante del heavy metal y glam ochentero y asiduo habitué de clubes nudistas, así es Randy como estrella underground y como hombre persigue una figura femenina, tanto a Cassidy, streaper con quien de alguna forma siente que hay algún lazo, inexistente con otras personas, como a su hija Stephie, con quien busca recuperar una relación arruinada por el estilo de vida del luchador. Randy busca lazos, "The Ram" busca deshacerse de ellos para romper con una forma de vida “normal” a la que no se acostumbra jamás.

Porque se levantó de una vida sumida en las profundidades de la perdición, dicen que con The Wrestler, Rourke “regresó como el Ave Fénix”, lo que le dio más fuerza mediática; además este filme le valió los premios BAFTA, Spirit y Globo de Oro como Mejor Actor en un drama. Esta vez de la mano del director neoyorquino Darren Aronofsky (Pi, Requiem for a Dream), Rourke alcanza una actuación sustentada en la fluidez de sus facetas tanto ícono como hombre. Así vuelve el Rourke, el que fue escritor, máquina de follar (como le diría Bukowski), dealer, motociclista y ahora luchador como si cada interpretación fuese una faceta suya propia en la vida real; no obstante de su exitoso y triunfal regreso, él siente que “no volvió de ningún sitio”.