(Publicado en Diario Hoy, el 20 de junio de 2009. Escribieron: Luis Cheme, Ximena Pesántez y Paola Calahorrano)En España se elegirá la palabra favorita de la lengua castellana. El español del Ecuador cuenta con expresiones y palabras nuevas
Hoy es el Día Mundial del Español y, como parte de la dinámica de una lengua, esta se renueva constantemente y con mucha rapidez. Esto se refleja en las palabras nuevas, reinventadas y las que se heredan de otros idiomas, que, de acuerdo con Hernán Rodríguez Castelo, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, no enriquecen el lenguaje porque son jergas hechas para pequeños grupos. “Estos lenguajes deforman el idioma”, añade. En tanto que Manuel Seco, en La Academia Española ante los hablantes, dice: “En esta actitud respecto a la Academia hay un error fundamental, el de considerar que alguien -sea una persona o una corporación- tiene autoridad para legislar sobre la lengua. La lengua es de la comunidad que la habla, y es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad 'existe', y es lo que el uso da por bueno, lo único que en definitiva 'es correcto".
Así las cosas, en Quito, por ejemplo, “de ley” es una expresión usada para afirmar algo. Hay términos nuevos entre los jóvenes de ahora como: “chica chupete” (porque va de boca en boca, chica fácil), “encamotado” (enamorado), “está mandarina” o “está perdido” (hace todo lo que la pareja quiere), “amigo Sprite” (hombre que pretende ser el mejor amigo de una mujer, pero que, en realidad, tiene segundas intenciones, que no dice), “calienta huevos” o “microondas” (mujer que coquetea pero no llega a mayores), “no afloja” (no llega a mayores), “sí carbura” (sí llega a mayores y es buena), “full” (bastante), “una bestia” o “una máquina” (algo muy bueno), “viernes chiquito” (día jueves), “finde” (fin de semana), etc.
'Guayacos', con jerga propia y colorida
Solo se necesita recorrer unos metros por cualquier calle porteña para escuchar un sinnúmero de jergas que se han instalado entre los guayaquileños. Palabras como “bacán”, “chévere”, “batracio”, “gil”, “loco” y muchas más forman parte del lenguaje local y hasta se ha convertido en un sello distintivo. A la señora del restaurante, por ejemplo, se la conoce como “la madrina”; al chofer del bus o al tendero como “maestro”, “proeshor” o simplemente “varón”; el amigo es “ñaño” o “ñañito; “la verídica” para referirse a la verdad y “zanahoria” para hablar de timidez. Pero, dentro de esa amalgama lingüística, se encuentran también las expresiones coloquiales que de cierta manera identifican a los “guayacos”.
Así, mientras se espera que el semáforo cambie a luz verde en cualquier calle de la ciudad, en tan solo un minuto, frases como “ese cassette”, “habla bien”, “de ninguna”, “tiras parada”, etc. son comunes en las conversaciones, principalmente entre jóvenes. Este tipo de palabras ingresan a los círculos sociales y luego a la sociedad en general mediante un proceso de imitación y consenso. En el colegio Vicente Rocafuerte, por ejemplo, desde hace dos semanas los alumnos de 10.º año empezaron a repetir la expresión “ese cassette” como una manera de expresar admiración por la conversación de otro.
Para el escritor y estudioso del guayaquileñismo Ángel Emilio Hidalgo, este fenómeno responde a “un intercambio de registros de habla”. Con el tango y la milonga, según Hidalgo, en la década de 1930 ingresaron al país términos del lunfardo o habla porteña urbana. “Aparecen palabras como 'bacán', 'gil'. La industria de la música catalizó la entrada de estos códigos que se incorporaron en el habla de los guayaquileños”, refirió el experto.
La “naple” por la plena, la “esnaqui” por la esquina, el yanqui que reemplaza al billete de un dólar, la quina para denominar al billete de $5 y la zota para referirse al de $10 son también una marca del guayaquileñismo, que lo único que hace es “enriquecer el horizonte lingüístico de la sociedad y, en este caso, de la guayaquileña. Que sea una ciudad portuaria le permite estar abierta este tipo de influencias”, comentó Hidalgo.
En Cuenca
“Cifrut” es el nuevo término utilizado en Cuenca por los jóvenes para indicar que un hombre se deja mandar por las mujeres. “Antes era común decirles mandarina”, comenta Paola Sarmiento, de 17 años, quien dice que esa palabra la aplicaron por un jugo que mezcla muchas frutas ácidas, entre ellas la mandarina.El uso de extranjerismos en el habla cuencana es perceptible incluso en los anuncios publicitarios y en nombres de locales comerciales. Así, un sitio donde se ofrece Internet se llama Easynet. A decir de Wilson Gárate, profesor de Comunicación de la Universidad de Cuenca, sería factible decir “Internet fácil”, pero las personas prefieren términos en inglés para demostrar modernidad, pues consideran el español como algo viejo.Otras palabras son incorporadas debido a que no se encuentran otras para sustituirlas. De esta manera, “escanear” o “chatear” se convierten en parte de la lengua cotidiana.
Otra desviación del español es la incorporación de nuevas palabras, creadas por grupos culturales en diferentes sectores y que se popularizan, como los términos “chendo” o “chévere”, ahora entendibles pero hace un tiempo rechazados. Aparecen palabras como “agarre” (para referirse a una aventura amorosa), “asoma” (en lugar de chao), “gara” (bonito), “fresh” (significa que no hay problema), “chiro” (que no tiene dinero), “acoles” (ayuda), “loser” (perdedor), “caleta” (casa), etc. Para Jorge Dávila Vásquez, director de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, al ser el lenguaje un organismo vivo en constante cambio, se deben aceptar aportes de diferentes culturas, de la música o el cine.
Por ello, Dávila Vásquez recomienda estar atentos y captar las nuevas incorporaciones que pronto serán parte del diccionario de la Real Academia. Para Gárate, el cambio de sentido o las nuevas palabras afectan las relaciones interpersonales entre diferentes generaciones debido a que las personas han convenido en ciertos significados y, al añadir otros términos, se crea confusión.Oswaldo Encalada Vásquez, en el libro Cuenca de los Andes, menciona que existen casos de influjo quichua, como mishojos para señalar a una persona que tiene los ojos verdes como del gato o measiqui para hablar de alguien que se orina en la ropa.
Encalada sostiene que el léxico cuencano se caracteriza también por tener palabras y construcciones típicas de la región. Tal es el caso de “elé”, una fórmula de sorpresa o la palabra “mande”, una típica forma de respuesta respetuosa cuando alguien llama.
Según Rodríguez Castelo, estos términos son procesos de formación lingüística a base de una palabra o empleos metafóricos que se entienden siempre y cuando la persona pueda descodificar la metáfora y saber de qué se trata, en este sentido aquí entra su importancia en la utilización por parte de los jóvenes, quienes están al tanto de los términos ya que son parte de su contexto. “Estos juegos metafóricos implican una complicidad o un cierto uso que enriquece, como lo hace al idioma la literatura. Esto ya está en el campo de la retórica, que sirve para dar expresividad a la lengua”, manifiesta.
Para concluir, se podría recordar a Fernando Navarro, quien, en La fascinante historia de las palabras, escribe: “De igual manera que en una vida —lo aprendemos con los años— caben muchas vidas, también en una palabra caben muchas palabras. Toda palabra, por mucho que hoy la usemos con la despreocupación que da lo cotidiano, arrastra consigo, en realidad, una historia milenaria de cambios, evoluciones y mutaciones; de aventuras y viajes; de odios y amores; de conquistas, luchas e invasiones; de contactos culturales e intercambios comerciales; de olvidos, desapariciones, y reapariciones”. (PCG-XPA-LCH)