viernes, 3 de agosto de 2007

Miller, de semidios a insecto



Soy un zángano cuya única función es descargar
ezpermatozoos en la escupidera de la angustia...

La guerra mental es la historia de la división del alma...

Sensaciones que se dibujan entre dos polos, eso significa repasar las provocadoras líneas de Sexus, parte de la trilogía La Crucifixión rosada Sexus-Plexus-Nexus, del vanguardista estadounidense Henry Miller, el personaje de su propia novela, su autobiografía que raya esencialmente en una compleja lista de sensaciones viscerales y actos sexuales cuyo contexto, el absurdo del ser humano, apunta a una decadencia vácua en su condición urbana y a menudo histriónica.

En Sexus, Miller acaba convirtiéndose en una mascota, un perro “¡Guau, guau, guau!, ladré”, balbuceando en monosílabos cuyo origen onomatopéyico reducen la existencia de un dios a la de un insecto. De la manía a la depresión absoluta, Miller caminaba entre la incongruencia de sus impulsos y la coherencia de sus reflexiones. En Sexus acaba siendo un esclavo luego de un largo período conviviendo en la autoproyección egocentrista de un brillante escritor. Y eso que apenas se trata de la primera parte narrada en 1947 cuya saga termina en 1960.
Con un extraordinario declive concluye Sexus cuyo autor, maldecido simplemente por una absurda existencia, confluye en una apología del famoso Antoine Roquetin (La Náusea) en donde a partir de la instrospección la nada juega el papel protagónico.

Y Mara/Mona confluye en una simbiosis con esta grandilocuente decadencia. Mara/Mona es cien mujeres en una, la amante de Miller, el verdadero personaje de la mascarada de Henry. La Mara tanguista, la Mona actriz, mitológica y mitómana, la fuerza del ánima en el exacerbado ánimus en contraposición del espíritu “higadesco” de Henry Miller; de la genialidad psicopatológica libre de culpa del artista que sale a orearse de la alcantarilla en los momentos que le son útiles. Es necesario rendirse a sus pies pero termina siendo un abandonado perro consigo mismo. “Rendirse absoluta, incondicionalmente, a la mujer que se ama es romper todas las ataduras, salvo el deseo de no perderla, que es la más terrible de todas”. Para Miller, la Mara de sus primeras páginas es “una mujer que intentaba confiar su secreto, una mujer desesperada, que mediante el amor intentaba unirse consigo misma”, una histérica-histriónica, magullada y adornada para el teatro de la vida.
“No hay mujer que pueda follar tan salvajemente como la mujer histérica que ha vuelto frígida su mente”. Es la Mara exenta de racionalidad de quien se enamora Henry, es el antifaz y el traje de noche, ese el ser nada y cientos de personajes a la vez.

“El hombre cuya grandeza de corazón lo conduce a la locura y a la ruina es es irresistible para una mujer, es decir para la mujer a la que ama... en un mundo tan hambriento de amor no es de extrañar que los hombres y las mujeres se vean cegados por el encanto y el brillo de sus propios yoes reflejados”. Al amar desenfrenadamente a Mona, como la historia romántica de Tristán e Isolda, Henry se quiere a sí mismo, así ella se enfrenta, más que al amor de un hombre a un ego arraigado obscenamente a la tierra. “La amo, en cuerpo y alma. Es todo para mí y , sin embargo, no se parece en nada a las mujeres con que soñé, a esos seres ideales a los que adoraba de muchacho. No corresponde a nada de lo que había concebido en lo más profundo de mi ser. Es una imagen totalmente nueva, algo extraño, algo que el destino trajo como remolino por mi senda desde una fosa desconocida”.

Un explorador de lo femenino, eso es Miller, un admirador de Afrodita, un catador de los placeres de Venus, desde lo más lascivo y animal, desde lo salvaje y primitivo, hasta que cause hastío y naúseas... “la belleza de Melanie procedía de su naturaleza angélica; su demencia, de la carne. Lo carnal y lo angélico se habían separado y Melanie era inexplicablemente bella como una estatua que se demorona, estaba ya expirando en la frontera (había tipos histéricos que también conseguían aislar la carne, con lo que le daban una vida particular y propia, pero en su caso siempre era posible conectar el fusible, restablecer la corriente, volver a someter la mente a control, llevaban una persiana mental que, como telón de amianto en el teatro, podía desarrollarse en caso de incendio o como indicación de que se había acabado otro acto).
Melanie era como un extraño ser desnudo, a medias humano, a medias divino, que pasaba todo su tiempo intentando en vano subir del foso de la orquesta al escenario. En su caso poco importaba que estuviera representándose la función o que hubiese acabado, que se tratara de un ensayo, un entreacto o una sala vacía y silenciosa. Trepaba con la repulsiva seducción de los dementes en su desnudez”.

El centro del histrionismo, las mujeres; desde el punto de vista freudiano, la histeria. El personaje femenino es el punto de partida de sus placeres, la literalidad de las víscera, el inicio de la decadencia de Miller en sus magníficas descripciones que nos llevan a visualizar un agua de Seltz, un telegrama, o un cuadro de Chagall. Descripciones en medio de las piernas de una dama, sin atavismos ni cursilerías.

Como forma de vida, el existencialismo, sin boceto definido alguno pero perfectamente deletreado por los fluidos de conciencia de Miller, desemboca en los humores del cuerpo humano relacionados con las emociones y la cotidianidad hedionda de la vida en un lugar sucio, atorado de desperdicios y seres humanos mediocres. “Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia, y, sin embargo, lo único que consigue (escribiendo) es inocular el mundo con el virus de su desilusión”.La latencia del despecho.
“Si insistes en enfocar tus impulsos, acabas convirtiéndote en un coágulo de flemas. Al final, sueltas un gargajo que te deja completamente seco y hasta años después no comprendes que no era un gargajo, sino tu yo interior... El objeto de la disciplina es fomentar la libertad, pero la libertad conduce al infinito y el infinito es aterrador. Entonces surgió la consoladora idea de detenerse al borde, de poner en palabras los misterios de la impulsión, la compulsión, la propulsión, de dañar los sentidos en olores humanos. Llegar a ser enteramente humano, la encarnación del demonio compasivo, el cerrajero de la gran puerta que conduce al más allá y más lejos para siempre aislado”.

Nos trasladamos nuevamente del declive al pico y viceversa como un electrocardiograma infinito y rebosante de los latidos cuya misma variación compone una estridente melodía absurda. Miller nos conduce a la luz y a la oscuridad al mismo tiempo que nos enceguece con chispazos lujurientos que no poseen límites a la redonda. “Era una condición afectiva, horrible, aterradora, porque no conocía límites. Era un hartazgo o aguachirle despersonalizado, una resaca resultante de algún estado de éxtasis arcaico: el recuerdo residual de cangrejos y víboras, de sus prolongadas copulaciones en el cieno protoplasmático de eras perdidas en la noche de los tiempos”.

La posibilidad de llegar a convertirse en un ser humano se pone de manifiesto a la vez que se destruye por completo en una de las imágenes más dolorosas que Miller describe a fuerza de intensidad y sangre con la omnipresencia de la muerte, y la posibilidad de existir al mismo tiempo que de morir, el aborto, y no podía obviarse en la sexualización de su autobiografía. “En la cómoda, el doctor ha dejado el cuerpo del dolor de muelas de siete meses envuelto en una toalla. Es como un homúnculo, la piel de rojo oscuro, y tiene cabello y uñas. Yace exánime en la cajón de la cómoda, una vida arrancada de un tirón a las tinieblas y devuelta a las tinieblas. No tiene nombre ni ha sido amado, ni será llorado. Ha sido arrancado de raíz y, si ha gritado, nadie lo ha oído. La vida que tuviera la ha vivido y perdido en sueños. Su muerte ha sido simplemente otra zambullida, más profunda, en ese sueño del que nunca ha despertado”. Como si este fuese un episodio cotidiano en la arbitrariedad del mundo urbano, desenfreno de los descabellados coitos de la humanidad.

“...Un mundo de esperanzas mutiladas, de aspiraciones sofocadas, de inanición a prueba de balas. Un mundo en el que se debe pasar de contrabando hasta el cálido hálito de la vida, en que se troncan gemas del tamaño del corazón de una paloma por un metro de espacio, por una onza de libertad. Todo se combina en un paté de hígado familiar que se traga en una hostia insípida.... en el profundo sótano del corazón humano suena el doloroso tañido del arpa de hierro...”
Progresivamente se insmiscuye en un rincón imaginado de ángeles negros, a ese que acuden solamente quienes lograron percibir el paraíso en cuerpo más que alma; el rincón psicológico de Miller menoscabado en la genialidad de sus neuronas. Intensamente enlazado a la tierra mientras que lírica es su relación con el universo cósmico. Entre estos dos polos Miller elabora minuciosamente su tumba para enterrarse vivo con los ojos fijos en las estrellas, con una mano devorada por gusanos en una hinóptica visión del semiviaje a un mundo paralelo, donde no hay un ápice de mediocridad y de una salvaje y arrasadora cotidianidad. “Las estrellas brillaban intensamente. Me eché en el banco y las miré fijamente. Todos mis fracasos estaban unidos ahora dentro de mí formando un nudo, un auténtico embrión de frustración. Ahora todo lo que me había ocurrido me parecía extraordinariamente remoto. No tengo otra cosa que hacer que recrearme en mi indiferencia. Me puse a viajar de estrella a estrella”.

¡Guau, guau, guau!, ladré.

El idealizado dios desciende a los infiernos del lumpen cancerbero. De Miller solo queda el rastro de sus facciones pidiendo caridad y compasión, lo que sintió jamás en sus maniáticos picos. También es, como el describe, un gato anarquista, solitario y callejero, con los pies manchados de brea en un ardiente verano y un hilvanado corazón con una cuerda de yute. Adiós Mona, te verá levitando diez centímetros sobre el piso y te ladrará.

martes, 24 de julio de 2007

Parálisis Permanente - Quiero Ser Santa

Parálisis Permanente fue un grupo español de post punk de la década de los ochenta, al que se considera iniciador de una corriente de sonido oscuro dentro de la llamada movida madrileña. Surgidos a principios de la década en Madrid, tras la separación de Alaska y los Pegamoides, sacaron un único LP y vieron truncada violentamente su prometedora carrera cuando se encontraban en su mejor momento. Pese a su breve recorrido, hoy en día se les considera una banda de culto dentro de las contraculturas siniestra y punk española, además de encajar en el prototipo de banda maldita en la que la sombra de un final trágico se proyecta sobre la obra haciendo que esta tome una mayor relevancia, no solo por lo que es, sino, además, por lo que pudo haber sido. (Wikipedia)

El perfume: la seducción, el poder del psicópata


El agua más turbia que puedas beber.
La línea más curva que puedas trazar.
La trampa más bella en la que puedas caer...
La chica del año en la facultad.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Recuerdo cuando eras portada en revistas,
el punto brillante inalcanzable.
Gastabas cada día una fortuna en cosméticos,
y objetos extraños que no usabas jamás.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Marcabas como un paso de baile al andar,
y nunca querías pararte a pensar.
Animal de celuloide,
tus propios pensamientos quieren asesinarte.
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
Corren los años de tu juventud,
desde el primer día empezaste a caer.
Alguna oscura conexión te lleva con frecuencia al psiquiátrico.
Tus partes médicos profecías alarmantes,
tu ojos llenos de aquélla luz demente.
Dejaste una frase de despedida:
"adiós, voy a buscar el paraíso".
Me gusta como hueles; ponte a salvo.
(Jorge Martínez/Ilegales)

Impavidez. Si de nombrar la característica más sobresaliente de Jean Baptiste Grenouille (El Perfume) se trata, precisamente sería aquella, la ausencia de denuedo ante la supuesta culpa. El Leitmotiv del psicópata excento de amor, moral y religión. La impavidez junto a un espíritu brillante cuya aprehensión raya en la racionalidad son características desconfiables que fácilmente seducen a los “normales”.

Simbólico resulta que Grenouille no huela a nada, ni a ropa rancia ni cloacas de París, de donde provino; una apología de su falta de empatía con algún humano. Imprescindible resulta que no tenga aroma alguno para que nadie lo quiera, tampoco le interesa que alguien lo ame, sino que esté a su servicio, cual amo que exprime hasta la última gota de sudor de su súbdito, como un vampiro que succiona toda la sangre de su presa.

Tom Tykwer lo supo dibujar bien. Quizá Grenouille, en la versión cinematográfica de este cineasta germano, sea lo magistral de su última obra. No importan siquiera los asesinatos cometidos en aras de sus obsesiones sino el garbo con el que los efectuaba, junto a la perfección para eternizar el olor de cada víctima.

Entre la belleza y la maldad aleteaba Grenouille, cazador de mujeres hermosas cuya belleza se respiraba en su piel, lo que Tykwer conjuga perfectamente con los colores. En una sinestesia la pelirroja que camina por una calle desolada cuya cabellera roza la blancura de un cutis terso que emana un aroma a duraznos, la primera víctima, a quien nunca olvidó por constituir el origen de su maldad sin culpa.

Tal vez Patrick Suskind construyó en el libro otra especie de psicópata, uno al que el espectador percibe de lejos sin esa literalidad que el personaje de la pantalla grande logra naturalmente y la que precisamente seduce, asimismo como el psicópata, a quienes miran el largometraje. La cinta no es una obra maestra pero está realizada con precisión, con absoluto cuidado en la historia cronológica de la trama, y el uso de una estética original al estilo “rojo” de Tykwer, un fetichista del tono pasional del cabello en las mujeres, que evidentemente se originó con el personaje de Franka Potente en Run Lola Run.


La historia fluye sobre la base del sentido del olfato. Las sensaciones primitivas del humano son los olores, toda una forma de comunicación instintiva, primaria en los animales. Primigenio y desarrollado en Grenouille, la única pasión obsesiva en su talento, la manera en que podían serle útiles los demás.

Grenouille, el asesino inserto en el glamoroso mundo del perfumista, elabora el complejo mundo paradójico del bien y el mal, entre Eros y Tanatos, y la belleza y la fealdad. En medio de diversos aromas: limón, almizcle, lavanda, clavo de olor, rosas y lilas, Jean Baptiste, con un porte aparentemente inocente, se extasiaba ante la sola presencia de una mujer que emane un agradable olor, pero más allá de eso se sobrecogía ante la idea de poder capturar ese aroma en alguna esencia. De esa forma se dio inicio la racha de asesinatos en los que Grenouille obtenía la piel y los cabellos de sus víctimas para convertirlos en un caro perfume. Sin embargo, el horror del homicida no radica en lo macabro de sus objetivos para despojar la vida de decenas de damas, está en algo que resulta mucho más interesante, el poder, especialmente en la seducción.

Ergo, el arma, más allá de la impavidez y el talento, es el poder que llegó a sus manos a través de un perfume, el símbolo de la seducción de este psicópata. En magistrales escenas simbólicas, Grenouille llegó a convertirse en un manipulador de masas, como tantos en la historia lo han sido, a cuyos pies la humanidad cayó considerándolo un dios a quien fue necesario obedecer. No tiene el don de la palabra, Grenouille posee el poder del aroma, la ambrosía de la seducción, para convencer a todos de que es un ángel caído del cielo y no un monstruoso ser humano.
El actor, el británico Ben Wishaw, definitivamente logra una estupenda actuación al encarnar a Grenouille. No tan novato pero desconocido en el plató de las famosa obras del séptimo arte.

El perfume realmente consigue unas exquisitas actuaciones que logran el fluir de sensaciones a través de los olores, formas y colores. Más que una historia que raya en lo sádico del hombre es un cúmulo de momentos seductores que consiguen una brillante contraposición con un personaje malvado: Jean Baptiste Grenouille, un psicópata hedonista cuyo poder radicó siempre en el olfato.

martes, 19 de junio de 2007

La reinterpretación electrónica de Floyd y U2, entre la innovación y el negocio



Indiscutible resulta el planteamiento de una crítica sobre el resultado de la música electrónica fusionada con un clásico considerado “sagrado” como es la banda de rock progresivo Pink Floyd y el bagaje artístico-cultural de este ícono inglés a escala mundial. Y es que a muchos adeptos de su música les chocará, quizá a otros les encantará -las opiniones son divididas-, escuchar la lírica de 'Confortably Numb' o de 'Wish You Were Here', escrita por el genio Roger Waters, entonadas por la ensoñadora y sensual voz de la cantante de Lazy, parte del proyecto Pink Floyd: A Chillout Experience (el primer álbum, en 2006), calificado por críticos musicales con una agrupación con fines “comerciales”. Sí, la música ya conocida, con toques y tintes electrónicos que tanto gustan a la juventud, podría venderse fácilmente; sin embargo quedarse con esta aseveración, asimismo, desembocaría en la simple conclusión burda.

Este fenómeno novísimo es parte de la fragmentación del objeto otrora de culto para “refreírlo” a manera, si se quiere, digerible en aras de la búsqueda de ser parte del nuevo movimiento chillout, que tiene el permiso comercial respectivo para hacer lo que desea con lo que la tradición considera qué es realmente música: Bob Marley (reggae), Pink Floyd (rock progresivo), Gun's and Roses (hard rock), entre otros clásicos representativos de sus géneros fusionados con bossa nova, jazz, flamenco, etc., y beats de sintetizadores digitalizados. Temas que han pasado ser parte de los imaginarios roqueros y “respetados” por miles de fans en el mundo han merecido estar en la lista de covers cantados por otros grupos en distintos ámbitos musicales, por un lado a manera de tributo, por otro, debido a la fama y el nombre que han convertido en una leyenda popular desde hace casi medio siglo. Entre el mito y la fama, Pink Floyd es también un estilo de vida, más allá del talento musical que ha influido en bandas más nóveles.

Lazy además ha dedicado un tributo a U2, una banda más nueva pero una de las endiosadas del pop europeo, en su álbum 2007 In The Name of Love, a través de una reinterpretación electro-jazz, quizá menos pegajosa que el primer trabajo. U2 es definitivamente un ícono que ha sabido fluir a través del tiempo sin chistar con mucha creatividad y bajo la línea comercial a partir de los años ochenta. De esta forma, los temas más famosos como 'Beautiful Day' o 'Sunday Bloody Sunday' adquieren nuevos matices, los electrónicos, en una era en la que el arte toma otras significaciones.

Entre el mito y la fama: quizá sean esos, más allá de la intención, los resultados de un álbum de covers, muy sui géneris -en el caso de Pink Floyd- dada su fusión de los ritmos brasileños de la bossa nova, los experimentos electrónicos elaborados en la Argentina y las líricas del rock inglés, de gira por el Ecuador. ¡Vaya que la globalización está en marcha! Así como el jazz norteamericano, las líricas de una banda de pop irlandesa junto a las notas computarizadas, en el caso de la agrupación cuyo líder es Bono Vox.
De esta forma, es necesario que la audiencia musical tanto tradicional como experimental considere que en los tiempos actuales, qué vieja discusión, lo válido no es el genio ni la estructura técnica o pionera de un género musical en tanto la tradición de otros tiempos lo dicte, sino que como parte de la globalización dentro del posmodernismo que expuse anteriormente en lo de Buddha Sounds, Chillout Experience y In The Name Of Love sean considerados como unos representantes más de este fenómeno digno de escucharse. Es válido “reciclar” la música, como sucede actualmente con el cine y otras manifestaciones artísticas que dan valor a un hito de una manera nueva: ese precisamente es el valor para re-crear obras que están en el inconsciente colectivo y que adquieren formas nuevas, no mejores, ni peores, pero diferentes. Y, por supuesto, son sujetos de un buen negocio.

La comparación está demás.

La gira de este proyecto que ha sido denominada "Chillout Experience" se presentará en Quito, en el Teatro Bolívar, el viernes 13 y sábado 14 de julio.

jueves, 14 de junio de 2007

Tres cuadros que hay que ver

Opus 217, de Paul Signac



Nadgorodom, de Marc Chagall





Gato y pájaro, de Paul Klee